Mantener una actitud positiva es beneficioso en cualquier aspecto de la vida. En el caso de tener que afrontar una enfermedad grave lo es todavía más. Cualquier persona tras ser diagnostica de una enfermedad ve por un instante cómo su vida se trunca.
Su mente empieza a ser bombardeada por millones de preguntas y sus emociones empiezan a emerger de forma incontrolada.
La actitud cura: afrontar la enfermedad desde el lado positivo
La reacción más lógica ante estas circunstancias es la negación, la explosión de rabia, la ira y el dolor. La tristeza y el abatimiento se apoderan de la persona y de sus seres queridos.
Pasada esta fase inicial es cuando las personas empiezan a adoptar una determinada actitud o un posicionamiento ante la nueva situación que les ha tocado vivir y ésta es la diferencia que marcará la diferencia.
¿Para qué complicar más las cosas con pensamientos negativos?
Aceptar la situación lo antes posible
Lo más recomendable es aceptar la situación lo antes posible; para poder cambiar algo, primero debemos ser conscientes de ello.
Hay que evitar adelantarse a los acontecimientos. Lo que está por venir nadie lo sabe y ponerse en lo peor no nos ayuda a prevenirlo. Lo mejor es centrarse en el siguiente paso y después en el siguiente, y poco a poco ir avanzando, atajando las dificultades conforme se vayan presentando.
Si no, podemos caer en el error de preocuparnos por algo que quizás nunca ocurra.
El principal enemigo es el miedo:
El principal enemigo contra el que se lucha en una enfermedad es el miedo. La incertidumbre de no saber a lo que hay que enfrentarse es lo que nos hace generar sufrimiento.
La mejor manera de combatir esa incertidumbre es pedir información. Hay personas que eligen no saber, cuando creemos que es preferible hablar con los médicos y pedir las explicaciones necesarias para conocer con la mayor exactitud posible qué nos pasa y cómo podemos solucionarlo.
El tratamiento lo decidirán los médicos, cómo se va a afrontar ese tratamiento lo decide el paciente. Hay personas que optan por compadecerse de ellas mismas, recreándose en el dolor y adoptando el rol de víctimas, lo cual no les beneficia en absoluto.
Las personas que desde el principio se predisponen a situarse en el lado positivo presentarán de entrada un mejor pronóstico.
Rodéate de tus personas más queridas:
En los momentos difíciles es cuando necesitamos estar cerca de las personas más queridas y es cuando nos damos cuenta de con quién contamos y con quién no. Además, es fundamental rodearnos de aquellos que nos transmitan energía positiva y grandes dosis de optimismo.
El sentido del humor, sentirse querido y compartir los sentimientos son los ingredientes perfectos para indicarle al cuerpo y al cerebro que tenemos mucho que decir sobre cómo va a ser el proceso de curación.
Se ha comprobado que existe una relación directa entre el cuerpo, la mente y las emociones. Algunos investigadores lo han bautizado con el nombre de psiconeuroinmunología, término que se refiere a esa interacción biológica entre el sistema nervioso, el sistema inmune, el sistema endocrino, las actitudes y los comportamientos y en cómo esta relación afecta en el desarrollo de enfermedades o en sus procesos curativos.
Son muchos los médicos que aseguran que la actitud del paciente y su estado emocional son determinantes en la evolución de la enfermedad.
Trabajemos para aumentar nuestro optimismo:
Para ello es conveniente hacer cosas que nos ayuden a mantener el optimismo, como ponernos en contacto con personas que hayan pasado por una situación similar, escribir un diario o crear un blog, escuchar música alegre que nos llene de vitalidad, engancharse a un libro o ver películas divertidas.
Y, sobre todo, compartir y expresar lo que sentimos, darnos permiso para llorar, para estar tristes y para desahogarnos de la manera que cada necesitemos. Esto también forma parte de la mejoría emocional.
Ser optimista cuando las cosas van bien es fácil, pero serlo cuando estamos pasando una enfermedad requiere un esfuerzo mucho mayor.
Si sentimos que no podemos hacerlo solos, siempre podemos buscar ayuda de un profesional; lo importante es tener la certeza de que una buena actitud puede ser determinante para curarnos, y de que querer afrontar la enfermedad desde el lado positivo depende de nosotros.
domingo, 18 de enero de 2015
La actitud ante la enfermedad
Mantener una actitud positiva es beneficioso en cualquier aspecto de la vida. En el caso de tener que afrontar una enfermedad grave lo es todavía más. Cualquier persona tras ser diagnostica de una enfermedad ve por un instante cómo su vida se trunca.
Su mente empieza a ser bombardeada por millones de preguntas y sus emociones empiezan a emerger de forma incontrolada.
La actitud cura: afrontar la enfermedad desde el lado positivo
La reacción más lógica ante estas circunstancias es la negación, la explosión de rabia, la ira y el dolor. La tristeza y el abatimiento se apoderan de la persona y de sus seres queridos.
Pasada esta fase inicial es cuando las personas empiezan a adoptar una determinada actitud o un posicionamiento ante la nueva situación que les ha tocado vivir y ésta es la diferencia que marcará la diferencia.
¿Para qué complicar más las cosas con pensamientos negativos?
Aceptar la situación lo antes posible
Lo más recomendable es aceptar la situación lo antes posible; para poder cambiar algo, primero debemos ser conscientes de ello.
Hay que evitar adelantarse a los acontecimientos. Lo que está por venir nadie lo sabe y ponerse en lo peor no nos ayuda a prevenirlo. Lo mejor es centrarse en el siguiente paso y después en el siguiente, y poco a poco ir avanzando, atajando las dificultades conforme se vayan presentando.
Si no, podemos caer en el error de preocuparnos por algo que quizás nunca ocurra.
El principal enemigo es el miedo:
El principal enemigo contra el que se lucha en una enfermedad es el miedo. La incertidumbre de no saber a lo que hay que enfrentarse es lo que nos hace generar sufrimiento.
La mejor manera de combatir esa incertidumbre es pedir información. Hay personas que eligen no saber, cuando creemos que es preferible hablar con los médicos y pedir las explicaciones necesarias para conocer con la mayor exactitud posible qué nos pasa y cómo podemos solucionarlo.
El tratamiento lo decidirán los médicos, cómo se va a afrontar ese tratamiento lo decide el paciente. Hay personas que optan por compadecerse de ellas mismas, recreándose en el dolor y adoptando el rol de víctimas, lo cual no les beneficia en absoluto.
Las personas que desde el principio se predisponen a situarse en el lado positivo presentarán de entrada un mejor pronóstico.
Rodéate de tus personas más queridas:
En los momentos difíciles es cuando necesitamos estar cerca de las personas más queridas y es cuando nos damos cuenta de con quién contamos y con quién no. Además, es fundamental rodearnos de aquellos que nos transmitan energía positiva y grandes dosis de optimismo.
El sentido del humor, sentirse querido y compartir los sentimientos son los ingredientes perfectos para indicarle al cuerpo y al cerebro que tenemos mucho que decir sobre cómo va a ser el proceso de curación.
Se ha comprobado que existe una relación directa entre el cuerpo, la mente y las emociones. Algunos investigadores lo han bautizado con el nombre de psiconeuroinmunología, término que se refiere a esa interacción biológica entre el sistema nervioso, el sistema inmune, el sistema endocrino, las actitudes y los comportamientos y en cómo esta relación afecta en el desarrollo de enfermedades o en sus procesos curativos.
Son muchos los médicos que aseguran que la actitud del paciente y su estado emocional son determinantes en la evolución de la enfermedad.
Trabajemos para aumentar nuestro optimismo:
Para ello es conveniente hacer cosas que nos ayuden a mantener el optimismo, como ponernos en contacto con personas que hayan pasado por una situación similar, escribir un diario o crear un blog, escuchar música alegre que nos llene de vitalidad, engancharse a un libro o ver películas divertidas.
Y, sobre todo, compartir y expresar lo que sentimos, darnos permiso para llorar, para estar tristes y para desahogarnos de la manera que cada necesitemos. Esto también forma parte de la mejoría emocional.
Ser optimista cuando las cosas van bien es fácil, pero serlo cuando estamos pasando una enfermedad requiere un esfuerzo mucho mayor.
Si sentimos que no podemos hacerlo solos, siempre podemos buscar ayuda de un profesional; lo importante es tener la certeza de que una buena actitud puede ser determinante para curarnos, y de que querer afrontar la enfermedad desde el lado positivo depende de nosotros.
Cómo superar los miedos
Tiempo de calidad para los hijos
Cómo pasar más tiempo con los hijos
Podemos llenar nuestro tiempo de actividad frenética o de momentos para recordar. Según las encuestas, para la mayoría de los españoles, la familia es lo primero, pero a la vez nos quejamos de disponer de poco tiempo para ella.
A los niños les da mucha seguridad sentirse queridos viendo cómo sus padres se quieren. Disfrutar de nuestro tiempo de pareja nos hará disfrutar más del tiempo que estemos con nuestros hijos.
Cuando los hijos son pequeños, muchas parejas se tambalean, y es una pena porque, precisamente, los hijos han venido a reforzar el amor que se tenían. Todo es cuestión de organizarse. ¿Qué podemos hacer para dar calidad al tiempo? Estas son algunas sugerencias:
* Acostar a los niños antes. Muchas veces acostamos a los niños tarde para que el padre o la madre que viene tarde del trabajo los vea, cuando realmente supone un desgaste extra. Lo ideal es ingeniárselas para llegar antes del trabajo. Si de verdad es imposible, es mejor madrugar más y hacer desayunos largos, en los que aprovechemos para contarnos planes, las aventuras del día anterior... Las últimas horas del día son definitivas para «darle sentido a la vida»… No podemos estar a las diez de la noche dando cenas, baños, poniendo lavadoras o planchando, un día y otro. Es en esos momentos cuando uno se plantea ¿qué he hecho con mi vida?
* Invertir en nosotros, así estaremos más descansados para nuestros hijos.
El cansancio desgasta la relación de pareja. Muchas crisis conyugales tienen como solución salir más y buscar ayuda externa para las tareas de la casa, aunque sea a costa de prescindir de otras cosas. Es mejor tener menos ropa, peor coche o una decoración más sencilla que fracasar en la vida familiar.
* Ver menos «tele». La televisión es el enemigo número uno del «tiempo de calidad», le siguen de cerca internet, los chats, los videojuegos… Si no apagamos las pantallas, se nos puede olvidar que somos los protagonistas principales de nuestra gran película: la vida.
Queremos a nuestros hijos con locura, y la mejor forma de demostrárselo es escucharlos con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad o la verdad entera que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y esto requiere dedicación. Es más importante la calidad que la cantidad, pero, si es posible, lo mejor es disponer de cantidad de tiempo de calidad.
Ideas para sacar tiempo para los niños
* Fomentar las tertulias, especialmente las que se inician en las comidas y se prolongan después de comer.
* Limitar el uso de la TV, que, además de quitar tiempo de juegos y estudio, suprime el diálogo en las familias. Aún siendo un recurso cómodo para controlar a los niños, es conveniente restringir su uso.
* Crear un clima de confianza en el que se pueda hablar de todo.
* Dedicar unos minutos en exclusiva a cada hijo a diario, en los que los miremos con atención, sin hacer otra cosa que contemplarlos. Un momento estupendo es por la noche, al acostarlos, porque los hace sentirse importantes, queridos, en una palabra.
* Organizar planes en familia, como mínimo una vez al mes.
La infancia de nuestros hijos es un tiempo irrepetible para ellos y para nosotros. No se trata de llenar nuestro tiempo de actividades, sino de momentos compartidos. El problema de muchas familias es que viven pero no conviven.
viernes, 16 de enero de 2015
Sobre el agradecimiento
La gratitud no sólo es la más grande de las virtudes, sino que engendra todas las demás.
Disciplinas científicas como la psicología positiva o la psicología humanista analizan, potencian y desarrollan aquellos aspectos más positivos del ser humano. La felicidad, el bienestar, la creatividad, la inteligencia emocional, la sabiduría, la resiliencia, el buen humor o la serenidad son conceptos y realidades que les incumben. De todas ellas destaca una en particular, el valor de la gratitud, por su gran poder transformador que se manifiesta a través del agradecimiento.
¿Te has cuestionado alguna vez el poder regenerador de la gratitud?
¿Cómo manifiestas gratitud?
¿Qué sientes al conectar con la gratitud?
Hoy, ¿cuántas veces has expresado agradecimiento?
¿En qué situaciones podrías mostrar agradecimiento?
¿Qué ocasiones has dejado pasar por indolencia, timidez o “ya se lo diré”, “ya lo sabe,…”?
La gratitud es una cualidad humana vinculada a la madurez y a la salud psicológica de las personas. La gratitud es un valor fundamental indispensable en nuestra vida afectiva e incluso es un valor que nos trasciende y nos conecta con nuestra espiritualidad.
Actualmente se está educando poco en el agradecimiento. Agradecer es dar las gracias para siempre. Pero no todos podemos entender el agradecimiento de la misma manera, en todas las circunstancias. El agradecimiento es el reconocimiento del valor de lo que alguien ha hecho por el mundo, por seres que amamos o por nosotros mismos. Puede despertar la necesidad de dar las gracias, desde la más pura alegría del momento o también puede generarnos un sentimiento de deuda que se mantenga a lo largo de toda nuestra vida.
Hay personas que no tienen ningún problema en ser agradecidas, en cambio se incomodan cuando reciben el reconocimiento o la gratitud de los demás. Por modestia, pudor, humildad o porque no creen en su propio valor y no saben cómo integrar el agradecimiento de los demás hacia ellas. Tú, ¿cómo vives el agradecimiento de otras personas hacia ti? ¿Lo minimizas, lo rechazas, te avergüenza, lo relativizas, lo necesitas, lo agradeces? ¿Piensas que lo que hacen los demás tiene mucho más valor que lo que haces tú?
Cuando reconocemos un favor que nos han hecho y damos las gracias establecemos un vínculo, un lazo que se mantendrá hasta que podamos corresponder o incluso, habiendo correspondido, conservar el sentimiento para siempre. Este reconocimiento implica adquirir un compromiso, establecer un vínculo profundo.
Vivimos en una sociedad en la que hay el convencimiento, la creencia, de que “somos sujetos de derecho” y por tanto, nos lo merecemos y tenemos derecho a todo, tanto en lo personal como en lo profesional, lo que implica que no tenemos nada que agradecer. Es como si todo lo que los demás hacen por nosotros fuera su obligación, lo damos por supuesto y por tanto no hay nada que agradecer, ni a nadie a quien agradecer. Somos indiferentes al esfuerzo, a los detalles o la generosidad de los demás. Nos es muy cómodo pensar, “yo no se lo pedí”, “si lo dieron o lo hicieron es porque quisieron”. “No hace falta agradecer nada, a mí tampoco me lo agradecen”.
Vivimos en una sociedad en la que creemos que el dinero es muestra de reconocimiento, como “hemos pagado”, ya no hace falta expresar gratitud. Nos decimos a nosotros mismos: “con lo que le he pagado ya no estoy en deuda”, “por eso cobra, es su trabajo”. Esto es muy frecuente en los entornos laborales, donde se supone que el agradecimiento se expresa a través de una nómina o de un cheque a final de mes. Imaginemos por un momento que en lugar de dar por sentado que nos lo deben, que lo pagamos, que nos lo merecemos, pensáramos en todo aquello a lo que el otro ha renunciado, en todo aquello que el otro ha entregado para que nosotros, ahora, podamos disfrutar, aprovechar, utilizar, aprender o crecer. ¿Somos conscientes de toda la gratitud que no somos capaces de expresar o reconocer? Para un momento y reflexiona. Haz una lista de todo lo que das por supuesto que ha de estar ahí, para ti. Medita y date cuenta de quién hay detrás. Agradece todo lo que los demás, perfectos desconocidos, hacen para que tu vida sea más fácil, agradable, tranquila, sencilla,…
Necesitamos despertar y conectar con el agradecimiento. Hace falta educar en el agradecimiento. La gratitud nos permite establecer vínculos sanos y poderosos entre todos nosotros. Podemos diagnosticar la salud o enfermedad psicológica y emocional de una persona, de una pareja, de una familia, de una empresa o de una sociedad por el caudal de reconocimiento y gratitud que circula por sus venas.
¿Qué sientes cuando aprovechas el trabajo de otros? ¿Qué piensas? ¿Qué haces?
La felicidad pasa por el agradecimiento. La gratitud es lo opuesto al resentimiento.
Agradecer de verdad las cosas, además de ser un acto de justicia o precisamente por eso, aumenta la paz interior, nos aporta dicha y serenidad. Agradecer es recordar.
Expresar gratitud tiene numerosos beneficios, como una mayor felicidad, relaciones más satisfactorias y paz mental. La gratitud se considera una virtud en casi todas las culturas.
La gratitud tiene también una gran capacidad para producir cambios en las personas. Expresar gratitud es un camino hacia una mayor felicidad. Pero las personas no siempre tienen tendencia a expresar gratitud. Por tanto, es una virtud que debe ser aprendida y cultivada.
Los efectos de la gratitud:
Aumenta la autoestima y la sensación de valía personal
Incrementa el comportamiento ético
Ayuda a construir vínculos con los demás
Ayuda a afrontar el estrés, trauma y adversidad
Inhibe las comparaciones negativas con los demás
Nos ayuda a adaptarnos a nuevas circunstancias
Ayuda a combatir las emociones negativas
La gratitud puede expresarse de diversas formas. Puedes sentirte agradecido muchas veces a lo largo del día por las pequeñas cosas que te suceden, aunque sea encontrar aparcamiento con facilidad, tener un buen día en el trabajo, que tus hijos pongan la mesa sin pelearse o que florezca una planta en tu balcón.
También puedes expresar gratitud a los demás, no sólo por hacerte algún favor, sino tan solo por ser parte de tu vida, escuchar tus problemas o no rechazarte cuando tienes un mal día y estás de mal humor.
Expresar gratitud no tiene nada que ver con la religión o la creencia en dios. Puedes estar agradecido a la vida, al mundo, a tu ser interior, a todo en general o a nada en particular. Es tan solo esa sensación de agradecimiento que no es necesario dirigir hacia nada ni nadie en particular.
Cómo aumentar tu gratitud
Si quieres expresar más sentimientos de gratitud y conocer sus beneficios, estas son algunas de las cosas que puedes hacer:
1. Proponte prestar más atención a cualquier momento de tu vida por el que puedes expresar gratitud.
2. Utiliza un diario de gratitud, donde escribas cada día las cosas buenas que te hayan pasado, por pequeñas que sean. Esto hará que tu atención se centre más en lo positivo de tu día a día y te ayuda a ser consciente de las cosas por las que puedes estar agradecido.
3. Escribe una carta de gratitud a una persona a quien te sientas agradecido por algo. No es necesario que envíes esa carta, aunque enviarla o dársela a esa persona puede aumentar los efectos positivos.
4. Busca una persona con la que practicar la gratitud. Consiste en ponerte de acuerdo con alguien para contaros las cosas buenas que os suceden. Cada uno debe procurar escuchar al otro y sentir su alegría y gratitud, compartiéndola y alegrándose por la otra persona.
5. Expresa gratitud a los demás. Exprésales directamente tu agradecimiento por lo que hacen por ti, sus detalles, su amabilidad, o el efecto que tienen en tu vida.
6. Concéntrate en el sentimiento de gratitud y trata de evocarlo. Piensa en algo por lo que te sientes muy agradecido y cuando aparezca ese sentimiento de gratitud, concéntrate en él, siéntelo plenamente durante un rato, deja que invada todo tu ser y apréndetelo. Acostúmbrate a evocarlo de este modo, para sentirlo con frecuencia durante el día.
Recuerda que puedes ir caminando por la calle y estar experimentando ese sentimiento de gratitud sólo por caminar al aire libre, porque hace sol o porque llueve, porque llegas a fin de mes, porque tienes a alguien importante en tu vida, por cualquier cosa, porque mientras lo estés sintiendo serás más feliz y te sentirás mejor contigo mismo, con los demás y con el mundo a tu alrededor.
domingo, 11 de enero de 2015
Consejos para combatir la soledad
jueves, 8 de enero de 2015
El ahorro personal
Sin seguir el ejemplo de la imagen, pura anécdota de algún capricho que nos damos de vez en cuando, en la situación económica de crisis mundial en la que vivimos, mucha gente quiere ahorrar pero no sabe por dónde empezar. Es muy importante conocer los puntos claves para empezar a ahorrar y sacarle así el máximo provecho a este hábito. Te damos unos consejos para saber cómo fomentar el ahorro personal.
1. En primer lugar, es muy importante evitar las prácticas que supongan un aumento de los gastos innecesarios, de modo que es recomendable seguir unas pautas para un consumo responsable e inteligente.
2. Puede venir muy bien administrar el dinero disponible para cada mes e ir llevando un recuento de los gastos realizados y a realizar dentro del mes.
3. En caso de no poder solventar una situación económica muy complicada, siempre se puede recurrir al asesoramiento profesional. De esta forma tendremos ayuda para marcarnos objetivos de ahorro a corto y largo plazo.
4. Si se quiere invertir nuestro dinero o contratar un producto financiero para mejorar nuestro ahorro, es muy importante no asumir riesgos innecesarios y no tomar decisiones precipitadas si no se conoce a fondo el producto o el mercado financiero.
5. Por último, es muy importante mantenerse constante y paciente, sólo de este modo se obtendrán los resultados deseados. Hay que tener siempre presente que el ahorro no se puede producir de un día para otro, hay que aplicar estos consejos y no desesperarse.
6. Verificar la situación financiera
7. Antes de abordar un plan de ahorro, lo principal es comprobar el estado real de la situación económica personal. Se deben contabilizar y revisar en profundidad las finanzas personales: ingresos, gastos o deudas, tanto presentes como futuros.
8. Hay que contabilizar y revisar en profundidad las finanzas personales
9. Hay que revisar también la capacidad de respuesta ante posibles imprevistos, como pérdida de empleo, reducción de ingresos, aumento de gastos, vencimiento de deudas contraídas, etc. Si la situación no es la idónea, debe iniciarse lo antes posible un plan para subsanar los desequilibrios.
10. Registrar y clasificar los gastos
11. Se debe elaborar y guardar un registro de todos los gastos y jerarquizarlos desde los más importantes a los más nimios. Una opción es comenzar un registro semanal o mensual, ya sea digital o en archivadores o cuadernos, para luego ampliarlo.
12. La mejor manera de recortar gastos es conocerlos con exactitud. Así será posible establecer prioridades en el gasto.
13. Elaborar un presupuesto
14. Debe confeccionarse un presupuesto que refleje tanto los gastos como los ingresos para, a partir de ahí, equilibrar ambas partidas y comenzar a ahorrar. La manera de hacerlo es reducir la partida de gastos, o en el mejor de los casos aumentar los ingresos, para buscar un excedente que se dedicará al ahorro.
15. Una vez realizado, de nada servirá si no hay una apuesta decidida en cumplir las premisas que se han marcado. La constancia y tenacidad son claves.
16. Fijar un porcentaje de ingresos para el ahorro
17. Los expertos recomiendan un excedente de al menos el 10% de los ingresos dedicado al ahorro. Lo más conveniente para reservar ese porcentaje es considerar esta cantidad como un gasto fijo ineludible más.
18. Sin una ausencia de obligación de pago, resulta muy difícil mantener esa premisa. Una opción puede ser la apertura de una cuenta de ahorros para tal efecto. Con ella, el registro de los ahorros es más sencillo, la motivación aumenta y se acumulan intereses.
19. Establecer metas de ahorro
20. La clave está en reforzar el hábito de ahorro para alcanzar los objetivos establecidos de antemano. Si se dispone de una meta, los esfuerzos que exige el plan son más asumibles y se mantiene una constancia.
21. Conviene comenzar con pequeñas metas y, una vez obtenidas, lanzarse a retos mayores
22. Para no incurrir en frustraciones, lo mejor es comenzar con pequeñas metas y, una vez obtenidas, lanzarse a retos mayores. Para ello, en el presupuesto ha de definirse la cantidad necesaria, el tiempo y la estrategia para realizarlo.
23. Eliminar los gastos superfluos
24. Dar prioridad a los gastos ineludibles y desechar los alentados por un impulso de satisfacción inmediata. El presupuesto determinará las prioridades y ayudará a rechazar esos pequeños gastos innecesarios que harán factible el ahorro. Deben analizarse los hábitos de consumo para poder recortar gastos.
25. Crear un fondo de emergencia
26. Una vez que se registran resultados en forma de excedentes del ahorro, debe asegurarse una parte de esa cantidad para constituir una reserva de dinero. Esta solo se utilizará en caso de emergencia o imprevistos ineludibles.
27. Evitar y/o controlar las deudas
28. Para no incurrir en deudas o que estas no se incrementen, una prioridad ha de ser la de pagarlas en el plazo estipulado. Asimismo, se debe aprender a vivir con los ingresos de que se dispone y no a base de préstamos y créditos.
29. En esto, el presupuesto deberá regir de nuevo las acciones de gasto. Para ahorrar dinero es necesario contar con la menor cantidad de deudas posible, ya que de otro modo el excedente se irá en el pago de los intereses. Se debe gastar lo que se tiene. De ahí que convenga utilizar las tarjetas de crédito lo menos posible.
30. Buscar ofertas y descuentos
31. El ahorro pasa por la reducción del gasto. Buscar, comparar o negociar las mejores y descuentos es básico en este objetivo. Las ofertas y descuentos aparecen en casi todas las partidas de gasto si se persiguen con tenacidad.
32. Una vez que se ha conseguido un excedente de dinero gracias al plan de ahorro, conviene sacarle el máximo rendimiento posible
33. Desde el ahorro en la energía del hogar (facturas de electricidad, agua, gas, teléfono, transporte...), hasta la compra o la ropa (listas para el supermercado, periodos de ofertas y rebajas, promociones, liquidaciones...) y la reducción en los gastos destinados al ocio (comidas fuera, actividades gratuitas o páginas web de descuento) es posible con las medidas adecuadas.
34. Invertir con precaución
35. Una vez que se ha conseguido un excedente de dinero gracias al plan de ahorro, conviene sacarle el máximo rendimiento posible, pero siempre con las mayores garantías. Nunca debe olvidarse que a mayor beneficio, mayor riesgo, si bien se busca asegurar unos ahorros, no perderlos en aventuras financieras.
36. Los ahorros deben depositarse en instituciones fiables y solventes, elegir las mejores ofertas del mercado, como los depósitos a plazo fijo, siempre que se comparen los distintos tipos de interés ofertados por las entidades para las cuentas de horro. Conviene huir de rendimientos extraordinarios, ya que rara vez las promesas de este tipo son satisfechas. Por último, bajo ningún concepto se deben contratar productos financieros que no se comprenden.
miércoles, 7 de enero de 2015
Abordemos la muerte
Estamos tan apegados a la vida que no resulta fácil aceptar un final. Para protegernos, evitamos pensar en la muerte y, cuando lo hacemos, nos invade el miedo, un miedo que ya es por sí un sufrimiento. La mayoría desconocemos cómo prepararnos para afrontar ese momento trascendental.
La muerte es, sin duda, el principal de todos los temores. El hombre ha buscado incansablemente durante toda su existencia la fuente de la juventud eterna, que no es más que la búsqueda de la inmortalidad.
Sin embargo, si hay algo en la vida que todos sabemos es que cuanto nace está condenado a morir. La muerte es un hecho natural y universal. Pese a ello, vivimos de espaldas a ella. Es un tabú, una conversación de mal gusto, un pensamiento que debe desaparecer de nuestra mente.
El temor a lo desconocido, a la inseguridad que produce no saber qué hay después de esta vida, nos produce desazón y sufrimiento. La receta para vencer el temor a la muerte es pensar positivamente, aceptar con serenidad que la muerte forma parte de la vida y que empezamos a morir desde el momento en que nacemos. Un viejo refrán afirma que sólo cuando aprendemos a vivir aprendemos a morir. Pero muy pocos lo ponen en práctica, a pesar de que todos pensamos que es "ley de vida" y que "a todos nos llegará algún día", nunca estamos preparados del todo para afrontarla con serenidad y madurez.
Cómo aceptar la muerte. Si la muerte es una parte natural del ciclo de vida y todos tenemos que llegar a un acuerdo con él, aceptar lo inevitable no tiene por qué ser difícil si lo ajustamos a esa perspectiva.
Veamos una serie de sugerencias para afrontar nuestro destino final con resignación:
Aceptar la muerte estando abierto a sentirse vulnerable. Las personas tenemos una falsa percepción de cómo se debe reaccionar a la muerte. No es necesario ser fuerte y estoico para ello
Hacer un duelo de manera adecuada para atravesar el proceso entero. Aceptar la muerte permitiéndonos hacer un duelo y dándonos tiempo para luchar con los sentimientos que experimentamos.
Enfadarse es una parte del proceso de duelo y la debemos atravesar antes de poder aceptar la muerte. Aunque estemos peleando con el pensamiento de nuestra propia muerte, es correcto enojarnos. Debemos dejar atrás esta fase para aceptar la muerte.
Discutir el tema de la muerte con nuestros seres queridos. Es imposible evitar la muerte evitando hablar de ella. Seamos abiertos y honestos y dejemos que aquellos seres cercanos sepan cómo deseamos que, en un futuro, sea manejada nuestra muerte. Abramos un diálogo y dejemos que las personas sepan que es correcto hablar de esta delicada asignatura.
Enumerar nuestros sentimientos acerca de la muerte. Ya sea por la muerte de alguien cercano a nosotros, o nuestros sentimientos acerca de la suya, dejemos fluir nuestros pensamientos. Escribe libremente cada pensamiento que venga a nuestra mente. Meditemos acerca de los resultados, pero alejados del egoísmo de pensar sólo en nuestro final, veamos también cómo enfrentarnos a la muerte de un ser próximo.
Cuando una persona está a punto de morir, es frecuente que entre esa persona y sus familiares se abra un muro de silencio. Quien agoniza sabe que si pregunta qué va a pasar sus seres queridos le asegurarán que se va a recuperar. Los allegados, por su parte, intentarán quitar hierro ante el paciente a una situación que la persona afectada. ¿Qué hacer? Teniendo en cuenta que lo más importante es escuchar a la persona y mantenerse a su lado, con un sentimiento de amor incondicional, la Psicología ofrece algunos consejos:
1. Escuchar es más importante que hablar. Permanecer atentos a sus expresiones físicas o verbales le hará menos traumático el trance al moribundo.
2. Acompañarle supone sentarse a su lado, mirarle a los ojos, cogerle la mano, acariciarle.
3. Respetar sus silencios resulta vital para ordenar sus miedos, emociones y sentimientos.
4. Respetar sus decisiones y su fragilidad no significa que no pueda tomar decisiones. Es una persona y hay que respetar sus puntos de vista.
5. Decir a menudo que le queremos supone hacerle sentir lo mucho que ha aportado a tu vida y a la de otros.
6. Ayudarle a recordar sus logros es fundamental para que al final de la vida hagamos recuento de nuestros actos, aunque para ello haya que ayudarle a fijarse en sus cualidades positivas obviando sus errores.
sábado, 3 de enero de 2015
Sobre la coherencia
Coherencia es el valor que nos hace ser personas de una pieza cuando actuamos de acuerdo a nuestros principios. Coherencia es la correcta conducta que debemos mantener en todo momento basada en los principios familiares, sociales y religiosos aprendidos a lo largo de nuestra vida. Con este valor somos capaces de cumplir con mayor eficacia nuestras obligaciones, pues hace falta ser honesto y responsable. En nuestras relaciones personales es indispensable para ser sinceros y confiables. Para nosotros es un medio para fortalecer el carácter, de desarrollar la prudencia y disponer de un comportamiento verdaderamente auténtico. El problema de vivir este valor es que siendo susceptibles a la influencia de las personas y lugares a los que asistimos, por temor callamos, podemos querer evitar contradecir la opinión equivocada o hacer lo posible por comportarnos según el ambiente para no quedar mal ante nadie sin darnos cuenta de que no es posible formar nuestro criterio y carácter si somos incapaces de defender los principios que rigen nuestra vida cuando los mejor en estos casos es mantenerse firmes, aún a costa de la opinión o amistad que aparentemente está en juego. Debemos ser valientes para superar el temor a ser señalados como extraños, anticuados o retrógrados, porque un carácter débil inspira poco respeto y con él no lograremos nunca demostrar la importancia de vivir de acuerdo a unos principios y valores. Podemos suponer que actuar en base a nuestras propias convicciones basta para ser coherentes, pero existe el riesgo de adoptar una actitud traducida en un "soy como soy y así pienso", porque la coherencia exige esa firmeza y postura, pero se necesita un criterio bien formado para no caer en una obstinación. Todo indica que en algunos momentos exigimos coherencia en los demás: para recibir un justo salario, cuando pedimos colaboración a los compañeros de trabajo, que nos dispensen atenciones en casa, lealtad y ayuda de los amigos. Pero esto debe llevarnos a reflexionar si trabajamos con intensidad y en equipo, si correspondemos con creces a los cuidados que recibimos en casa, si somos leales y verdaderos amigos de nuestros amigos.Siempre debemos ser conscientes de que la coherencia hasta cierto punto es flexible. Por una parte es aprender a callar y ceder en las cosas sin importancia, pero en circunstancias en las que el prestigio y la seguridad de las personas, la unidad familiar o la estabilidad social están en juego, se tiene la obligación de afrontar la situación para evitar un daño a los derechos de los demás. Este es el motivo por el que el ejercicio de la prudencia es determinante para saber actuar acertadamente en cualquier circunstancia. ¿Qué se necesita para ser coherentes, voluntad o conocimiento de los valores? En sentido estricto, ambos. Voluntad para superar nuestro temor a ser "diferentes" con el implícito deseo de ser mejores y ayudar a los demás a formar valores en su vida. Con el conocimiento hacemos más firmes nuestros principios y descubrir su verdadero sentido y finalidad nos lleva a ejercitarnos en los valores y vivirlos de manera natural. Por todo ello, para la práctica y vivencia de este valor, consideremos los siguientes consejos: 01. Examinemos si nuestras actitudes y palabras no cambian radicalmente según el lugar y las personas con quien estemos para que en todo lugar se tenga la misma imagen y opinión de nosotros 02. Pensemos en la coherencia que exigimos de los demás y si actuamos y correspondemos, al menos, en la misma proporción 03. Seamos prudentes para elegir amistades, lugares y eventos, porque no tendremos que escondernos, mentir ni comportarnos en forma contraria a nuestros principios 04. Evitemos hacer trampa o cumplir con nuestras obligaciones a medias, aunque sea lo más fácil y nadie se percate de ello por el momento 05. Procuremos nos ser necios. Consideremos que algunas veces podemos estar equivocados, escuchemos, reflexionemos, informémonos y corrijámonos si es necesario 06. Evitemos discusiones y enfrentamientos por cosas sin importancia. No perdamos la cordura si hay algo que defender o aclarar. Tengamos siempre serenidad, cortesía y comprensión. La experiencia demuestra que vivimos con mayor tranquilidad y nuestras decisiones son más firmes al comportarnos de manera única y que a la larga todos aquellos que alguna vez se burlaron de nuestros principios terminan por reconocer y apreciar la integridad de nuestra persona. Por este motivo, la unidad de vida aumenta nuestro prestigio personal, profesional y moral, lo que garantiza ind¡condicionalmente la estima, el respeto y la confianza de los demás y sobre todo actuemos siempre según nuestros principios.
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