Realizar de forma regular y sistemática una actividad física ha demostrado ser una práctica muy beneficiosa en la prevención, desarrollo y rehabilitación de la salud, a la vez que ayuda al carácter, la disciplina y a la toma de decisiones en la vida cotidiana.
El ejercicio físico, ya sea de corta o larga duración, contribuye a establecer un bienestar mental, mejorando la autonomía de la persona, la memoria, rapidez de ideas, … y promoviendo sensaciones como el optimismo o la euforia, al tiempo que mejora la autoestima de las personas, lo que produce beneficios en diferentes enfermedades como la osteoporosis, la hipertensión o las crisis diabéticas.
Todas las actividades encaminadas a mejorar la forma física (por ejemplo, tras un período largo de inactividad), deben realizarse de manera progresiva. Cada deportista debe analizar las demandas de su deporte de elección antes de decidir su plan de entrenamiento. La intensidad y la carga deben ser determinadas de forma individual, ya que dependen del nivel técnico y de la condición física de cada persona.
Beneficios biológicos
• Mejora la forma y resistencia física.
• Regula las cifras de presión arterial.
• Incrementa o mantiene la densidad ósea.
• Mejora la resistencia a la insulina.
• Ayuda a mantener el peso corporal.
• Aumenta el tono y la fuerza muscular.
• Mejora la flexibilidad y la movilidad de las articulaciones.
• Reduce la sensación de fatiga.
Beneficios psicológicos
• Aumenta la autoestima.
• Mejora la autoimagen.
• Reduce el aislamiento social.
• Rebaja la tensión y el estrés.
• Reduce el nivel de depresión.
• Ayuda a relajarte.
• Aumenta el estado de alerta.
• Disminuye el número de accidentes laborales.
• Menor grado de agresividad, ira, angustia...
• Incrementa el bienestar general.
sábado, 28 de febrero de 2015
Beneficios del ejercicio físico
Realizar de forma regular y sistemática una actividad física ha demostrado ser una práctica muy beneficiosa en la prevención, desarrollo y rehabilitación de la salud, a la vez que ayuda al carácter, la disciplina y a la toma de decisiones en la vida cotidiana.
El ejercicio físico, ya sea de corta o larga duración, contribuye a establecer un bienestar mental, mejorando la autonomía de la persona, la memoria, rapidez de ideas, … y promoviendo sensaciones como el optimismo o la euforia, al tiempo que mejora la autoestima de las personas, lo que produce beneficios en diferentes enfermedades como la osteoporosis, la hipertensión o las crisis diabéticas.
Todas las actividades encaminadas a mejorar la forma física (por ejemplo, tras un período largo de inactividad), deben realizarse de manera progresiva. Cada deportista debe analizar las demandas de su deporte de elección antes de decidir su plan de entrenamiento. La intensidad y la carga deben ser determinadas de forma individual, ya que dependen del nivel técnico y de la condición física de cada persona.
Beneficios biológicos
• Mejora la forma y resistencia física.
• Regula las cifras de presión arterial.
• Incrementa o mantiene la densidad ósea.
• Mejora la resistencia a la insulina.
• Ayuda a mantener el peso corporal.
• Aumenta el tono y la fuerza muscular.
• Mejora la flexibilidad y la movilidad de las articulaciones.
• Reduce la sensación de fatiga.
Beneficios psicológicos
• Aumenta la autoestima.
• Mejora la autoimagen.
• Reduce el aislamiento social.
• Rebaja la tensión y el estrés.
• Reduce el nivel de depresión.
• Ayuda a relajarte.
• Aumenta el estado de alerta.
• Disminuye el número de accidentes laborales.
• Menor grado de agresividad, ira, angustia...
• Incrementa el bienestar general.
viernes, 20 de febrero de 2015
Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil
Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil
Muchas son las familias que en algún momento de la infancia de sus hijos se preguntan: ¿es nervioso o tendrá hiperactividad? También, cada vez más, el profesorado insiste a los padres para que realicen una consulta con un especialista, ya que observan que, entre otras conductas, el niño es muy «movido», se desmotiva rápidamente y le cuesta prestar atención.
En el caso de los niños inquietos o nerviosos no siempre resulta fácil la distinción entre un estado de nerviosismo como tal, un cierto grado de hiperactividad normal y un niño con un trastorno constituido de desatención e hiperactividad, denominado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
La confusión en la vida diaria entre nerviosismo y TDAH viene dada por la similitud de ciertas conductas que pueden presentar algunos niños durante la infancia, entre las que cabe destacar el exceso de movimiento, la irritabilidad, la desatención, los trastornos del sueño y el llanto frecuente. Ante estas conductas muchos padres y profesores se preguntan si su hijo o su alumno tendrá TDAH. Pero lo cierto es que muchos niños pueden mostrarse nerviosos, ser inquietos o portarse mal sin que esto quiera decir que tienen TDAH.
Si los padres lo observan más pro¬fundamente, pueden encontrar una causa probable del nerviosismo de su hijo: cambios de ambiente, problemas en sus relaciones, celos, temores, cansancio por alteraciones en el sueño... O quizás, simplemente, puede tratarse de un niño más inquieto dentro de una variable normal del desarrollo. Por todo ello es importante observar detenidamente su día a día.
Por otra parte, si un niño presenta solamente en un determinado entorno algunas de las conductas antes citadas, por ejemplo en casa o en el colegio, es muy probable que no padezca TDAH: habrá que averiguar, entonces, si está viviendo algún problema o preocupación en uno u otro ámbito.
Otro factor que debe tenerse en cuenta para pensar en un posible TDAH es el momento de aparición de dichas conductas. Mientras que un niño sin TDAH puede pasar a un estado de nerviosismo de forma rápida o de forma gradual, en los niños con TDAH la aparición de muchos síntomas se ha detectado ya en la primera infancia: muchos padres de niños con diagnóstico de TDAH confirman que sus hijos han sido bebés irritables, llorones, con trastornos del sueño... Hay madres que los recuerdan muy inquietos incluso durante el embarazo.
Considerando que, dentro de las variables normales del desarrollo, hay niños más nerviosos, si los padres observan, no obstante, que el estado de nerviosismo del niño se prolonga e influye negativamente en su vida diaria, es el momento de acudir a la consulta de un psicólogo.
El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es el trastorno neurobiológico más frecuente en la infancia. Se estima que lo padece el 5% de la población infanto-juvenil. Es un síndrome caracterizado por la desatención, la hiperactividad y la impulsividad, aunque no siempre tienen que estar presentes conjuntamente, pues¬to que existen distintos subtipos. Se trata de un trastorno crónico que puede cambiar sus manifestaciones desde la infancia hasta la edad adulta e interfiere en muchas áreas del funcionamiento normal.
El TDAH suele diagnosticarse en los primeros años de la enseñanza primaria, y es fundamental que sean los profesionales médicos (neuropediatra o psiquiatra infantil) los que realicen un diagnóstico precoz y definitivo. Durante el proceso, serán necesarias entrevistas con los padres y con el niño y análisis de la información de los profesores, así como exámenes físicos y pruebas complementarias para descartar otros problemas.
Entre los criterios diagnósticos, se pueden contemplar algunas conductas relacionadas directamente con las dificultades atencionales: la falta de atención suficiente a los detalles, las dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, la falta de concentración en ta¬reas escolares (que a menudo quedan inacabadas), el rechazo de tareas que exijan esfuerzo cognitivo y el extravío frecuente de objetos.
En el criterio diagnóstico para la hiperactividad-impulsividad se contemplan, entre otras conductas, el movimiento excesivo de manos y pies, la dificultad para permanecer en el asiento durante un rato, la necesidad imperiosa de correr o saltar en situaciones inapropiadas, la dificultad para jugar tranquilamente, hablar en exceso, la emisión de respuestas antes de haber terminado de oír la pregunta, la dificultad para esperar turno y la irrupción en las actividades de otros niños. Para establecer como diagnóstico el TDAH deben cumplirse, al menos, seis síntomas de cada criterio. Esos síntomas deben estar presentes, como mínimo, durante seis meses, y manifestarse en más de un en¬torno. Además, algunos de los síntomas deben haber aparecido antes de los 7 años de edad.
El tratamiento adecuado del TDAH debe abordarse, de forma coordinada, desde distintos campos terapéuticos: farmacológico (con la prescripción de un neurólogo o un psiquiatra), psicológico y psicopedagógico; teniendo siempre presente que ninguno de ellos es único ni puede sustituir a los demás.
martes, 17 de febrero de 2015
Beneficios de jugar en familia
El juego, con ser una diversión en sí, no debe ser exclusivo para la infancia por aquello de que para el adulto puede suponer una pérdida de tiempo, ya que resulta un medio no sólo para disfrutar en familia, sino, a través de él, observar, aprender, enseñar y trabajar una cohesión que fijará conductas y unirá a las familias deleitándolas.
Por eso hemos resumido esta conclusión en 10 beneficios psicológicos que puede aportar el juego en familia:
1) Los progenitores son un aspecto imprescindible cuando un hijo juega, ya que son su referente, quienes le enseñan cómo y con qué jugar, al regalarle los juguetes y explicarle su funcionamiento.
2) A través del juego los padres ayudan a su prole a desarrollar la imaginación y la socialización.
3) El juego hace que mejore la relación paterno-filial. También, con hermanos, hace que se conozcan mutuamente y mejore su relación.
4) Jugando, los hijos sentirán que sus padres no son sólo una figura de autoridad que está presente en su educación, sino también en la diversión y el disfrute, lo que supone también una importante forma de expresar el cariño.
5) Cuando un niño termina un puzle o coloca bien una pieza, y los adultos le felicitan por ello, contribuyen a mejorar su autoestima y motivación. La sensación positiva que se produce en el hijo hace que quiera repetirlo con mayor frecuencia y que se enfrente con más fuerza a nuevos retos y actividades.
6) Jugar con los hijos es una forma de conocer sus necesidades e intereses, porque los niños suelen expresar sus sentimientos y preocupaciones a través del juego.
7) El juego también muestra cuáles son las habilidades, limitaciones y virtudes de los niños, lo que supone para los padres una valiosa información sobre las aptitudes, los gustos y el carácter de sus hijos.
8) Jugar es una estupenda manera de aprender los unos de los otros, porque los hijos pueden enseñar cosas a los padres a través del juego, igual que los padres enseñan a sus hijos.
9) Es una fuente de experimentación y conocimiento de uno mismo y de los que le rodean, tanto con los padres como con los hermanos, ya que, al jugar todos juntos y observarse entre ellos, aprenden. Además, toman conciencia de la pertenencia a un grupo.
10) También aprenden a relacionarse, a respetarse y a cumplir las normas sociales para integrarse mejor en el grupo.
En conclusión, lo importante en el juego no es el resultado final, quién gane o quién pierda, sino todo el proceso y el tiempo que se ha compartido. Por último, es importante tener en cuenta que no sólo es necesario jugar en familia, los niños también deben aprender a jugar solos y con sus iguales.
viernes, 13 de febrero de 2015
Nuevas conductas adictivas
El concepto de conducta adictiva ha sido definido como el uso repetido y abusivo de una sustancia y/o la implicación compulsiva en la realización de una conducta determinada que, de forma directa o indirecta, modifica el medio interno del individuo de tal forma que obtiene un reforzamiento inmediato por el consumo o por la realización de esa conducta.
El vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías hace que estas estén presentes en nuestra vida cotidiana de forma constante, llegando a ser imprescindibles para nuestros quehaceres diarios. Normalmente, la sociedad actual relaciona el término de adicción al consumo de sustancias, pero la realidad nos pone de manifiesto la existencia de las llamadas “adicciones sin sustancias” o “nuevas adicciones”, que surgen cuando son mal utilizadas e impiden la realización de otras actividades.
Aunque este tipo de adicción puede darse en cualquier rango de edad, demográficamente son los adolescentes los que más lo sufren. De hecho, en un estudio realizado por la Fundación Pfizer en 2009, se observo que el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Estos datos, nos confirman el dato alarmante de que hay un alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes.
Señales de alarma
Los principales indicadores que nos ayudarían a identificar una posible pendencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden reflejar el paso de una afición en una adicción en adolescentes son las siguientes:
1. Privarse de sueño (menos de 5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.
Por ello, el conectarse al ordenador nada más llegar a casa, encender el ordenador nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, reducir el tiempo de las tareas diarias como: comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana.
Estrategias para la prevención
El uso de las nuevas tecnologías e internet en el hogar es una práctica muy integrada en todos los hogares españoles. Por eso, es muy complicado para un padre pedirle a su hijo que no abuse de ellas, cuando es él mismo el que se las pone al alcance de la mano. Además, en muchas ocasiones son los adolescentes los que enseñan a los padres cómo utilizarlas.
A pesar de ello, los padres deben ayudar a los adolescentes a desarrollar las habilidades sociales adecuadas, lo que, entre otras cosas, supone:
1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
2. Fomentar la relación con otras personas.
3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
4. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.
Conclusiones
La prevención ante este tipo de adicciones es fundamental para que no se conviertan en un dato preocupante. Por ello, tanto padres como educadores, deben instruir a los adolescentes en el uso adecuado de esta droga silenciosa y bien vista socialmente.
El hecho de tener en sus manos el último modelo de Iphone, HTC, el tener el ordenador más moderno con las últimas actualizaciones, etc., conductas todas ellas alentadas por la sociedad consumista en la que nos encontramos inmersos, no ayudan a que esa prevención pueda llevarse a cabo de manera fácil.
domingo, 1 de febrero de 2015
Mantenerse siempre ocupado
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