sábado, 28 de febrero de 2015

Beneficios del ejercicio físico

Realizar de forma regular y sistemática una actividad física ha demostrado ser una práctica muy beneficiosa en la prevención, desarrollo y rehabilitación de la salud, a la vez que ayuda al carácter, la disciplina y a la toma de decisiones en la vida cotidiana. El ejercicio físico, ya sea de corta o larga duración, contribuye a establecer un bienestar mental, mejorando la autonomía de la persona, la memoria, rapidez de ideas, … y promoviendo sensaciones como el optimismo o la euforia, al tiempo que mejora la autoestima de las personas, lo que produce beneficios en diferentes enfermedades como la osteoporosis, la hipertensión o las crisis diabéticas. Todas las actividades encaminadas a mejorar la forma física (por ejemplo, tras un período largo de inactividad), deben realizarse de manera progresiva. Cada deportista debe analizar las demandas de su deporte de elección antes de decidir su plan de entrenamiento. La intensidad y la carga deben ser determinadas de forma individual, ya que dependen del nivel técnico y de la condición física de cada persona. Beneficios biológicos • Mejora la forma y resistencia física. • Regula las cifras de presión arterial. • Incrementa o mantiene la densidad ósea. • Mejora la resistencia a la insulina. • Ayuda a mantener el peso corporal. • Aumenta el tono y la fuerza muscular. • Mejora la flexibilidad y la movilidad de las articulaciones. • Reduce la sensación de fatiga. Beneficios psicológicos • Aumenta la autoestima. • Mejora la autoimagen. • Reduce el aislamiento social. • Rebaja la tensión y el estrés. • Reduce el nivel de depresión. • Ayuda a relajarte. • Aumenta el estado de alerta. • Disminuye el número de accidentes laborales. • Menor grado de agresividad, ira, angustia... • Incrementa el bienestar general.

viernes, 20 de febrero de 2015

Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil

Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil Muchas son las familias que en algún momento de la infancia de sus hijos se preguntan: ¿es nervioso o tendrá hiperactividad? También, cada vez más, el profesorado insiste a los padres para que realicen una consulta con un especialista, ya que observan que, entre otras conductas, el niño es muy «movido», se desmotiva rápidamente y le cuesta prestar atención. En el caso de los niños inquietos o nerviosos no siempre resulta fácil la distinción entre un estado de nerviosismo como tal, un cierto grado de hiperactividad normal y un niño con un trastorno constituido de desatención e hiperactividad, denominado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). La confusión en la vida diaria entre nerviosismo y TDAH viene dada por la similitud de ciertas conductas que pueden presentar algunos niños durante la infancia, entre las que cabe destacar el exceso de movimiento, la irritabilidad, la desatención, los trastornos del sueño y el llanto frecuente. Ante estas conductas muchos padres y profesores se preguntan si su hijo o su alumno tendrá TDAH. Pero lo cierto es que muchos niños pueden mostrarse nerviosos, ser inquietos o portarse mal sin que esto quiera decir que tienen TDAH. Si los padres lo observan más pro¬fundamente, pueden encontrar una causa probable del nerviosismo de su hijo: cambios de ambiente, problemas en sus relaciones, celos, temores, cansancio por alteraciones en el sueño... O quizás, simplemente, puede tratarse de un niño más inquieto dentro de una variable normal del desarrollo. Por todo ello es importante observar detenidamente su día a día. Por otra parte, si un niño presenta solamente en un determinado entorno algunas de las conductas antes citadas, por ejemplo en casa o en el colegio, es muy probable que no padezca TDAH: habrá que averiguar, entonces, si está viviendo algún problema o preocupación en uno u otro ámbito. Otro factor que debe tenerse en cuenta para pensar en un posible TDAH es el momento de aparición de dichas conductas. Mientras que un niño sin TDAH puede pasar a un estado de nerviosismo de forma rápida o de forma gradual, en los niños con TDAH la aparición de muchos síntomas se ha detectado ya en la primera infancia: muchos padres de niños con diagnóstico de TDAH confirman que sus hijos han sido bebés irritables, llorones, con trastornos del sueño... Hay madres que los recuerdan muy inquietos incluso durante el embarazo. Considerando que, dentro de las variables normales del desarrollo, hay niños más nerviosos, si los padres observan, no obstante, que el estado de nerviosismo del niño se prolonga e influye negativamente en su vida diaria, es el momento de acudir a la consulta de un psicólogo. El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es el trastorno neurobiológico más frecuente en la infancia. Se estima que lo padece el 5% de la población infanto-juvenil. Es un síndrome caracterizado por la desatención, la hiperactividad y la impulsividad, aunque no siempre tienen que estar presentes conjuntamente, pues¬to que existen distintos subtipos. Se trata de un trastorno crónico que puede cambiar sus manifestaciones desde la infancia hasta la edad adulta e interfiere en muchas áreas del funcionamiento normal. El TDAH suele diagnosticarse en los primeros años de la enseñanza primaria, y es fundamental que sean los profesionales médicos (neuropediatra o psiquiatra infantil) los que realicen un diagnóstico precoz y definitivo. Durante el proceso, serán necesarias entrevistas con los padres y con el niño y análisis de la información de los profesores, así como exámenes físicos y pruebas complementarias para descartar otros problemas. Entre los criterios diagnósticos, se pueden contemplar algunas conductas relacionadas directamente con las dificultades atencionales: la falta de atención suficiente a los detalles, las dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, la falta de concentración en ta¬reas escolares (que a menudo quedan inacabadas), el rechazo de tareas que exijan esfuerzo cognitivo y el extravío frecuente de objetos. En el criterio diagnóstico para la hiperactividad-impulsividad se contemplan, entre otras conductas, el movimiento excesivo de manos y pies, la dificultad para permanecer en el asiento durante un rato, la necesidad imperiosa de correr o saltar en situaciones inapropiadas, la dificultad para jugar tranquilamente, hablar en exceso, la emisión de respuestas antes de haber terminado de oír la pregunta, la dificultad para esperar turno y la irrupción en las actividades de otros niños. Para establecer como diagnóstico el TDAH deben cumplirse, al menos, seis síntomas de cada criterio. Esos síntomas deben estar presentes, como mínimo, durante seis meses, y manifestarse en más de un en¬torno. Además, algunos de los síntomas deben haber aparecido antes de los 7 años de edad. El tratamiento adecuado del TDAH debe abordarse, de forma coordinada, desde distintos campos terapéuticos: farmacológico (con la prescripción de un neurólogo o un psiquiatra), psicológico y psicopedagógico; teniendo siempre presente que ninguno de ellos es único ni puede sustituir a los demás.

martes, 17 de febrero de 2015

Beneficios de jugar en familia

El juego, con ser una diversión en sí, no debe ser exclusivo para la infancia por aquello de que para el adulto puede suponer una pérdida de tiempo, ya que resulta un medio no sólo para disfrutar en familia, sino, a través de él, observar, aprender, enseñar y trabajar una cohesión que fijará conductas y unirá a las familias deleitándolas. Por eso hemos resumido esta conclusión en 10 beneficios psicológicos que puede aportar el juego en familia: 1) Los progenitores son un aspecto imprescindible cuando un hijo juega, ya que son su referente, quienes le enseñan cómo y con qué jugar, al regalarle los juguetes y explicarle su funcionamiento. 2) A través del juego los padres ayudan a su prole a desarrollar la imaginación y la socialización. 3) El juego hace que mejore la relación paterno-filial. También, con hermanos, hace que se conozcan mutuamente y mejore su relación. 4) Jugando, los hijos sentirán que sus padres no son sólo una figura de autoridad que está presente en su educación, sino también en la diversión y el disfrute, lo que supone también una importante forma de expresar el cariño. 5) Cuando un niño termina un puzle o coloca bien una pieza, y los adultos le felicitan por ello, contribuyen a mejorar su autoestima y motivación. La sensación positiva que se produce en el hijo hace que quiera repetirlo con mayor frecuencia y que se enfrente con más fuerza a nuevos retos y actividades. 6) Jugar con los hijos es una forma de conocer sus necesidades e intereses, porque los niños suelen expresar sus sentimientos y preocupaciones a través del juego. 7) El juego también muestra cuáles son las habilidades, limitaciones y virtudes de los niños, lo que supone para los padres una valiosa información sobre las aptitudes, los gustos y el carácter de sus hijos. 8) Jugar es una estupenda manera de aprender los unos de los otros, porque los hijos pueden enseñar cosas a los padres a través del juego, igual que los padres enseñan a sus hijos. 9) Es una fuente de experimentación y conocimiento de uno mismo y de los que le rodean, tanto con los padres como con los hermanos, ya que, al jugar todos juntos y observarse entre ellos, aprenden. Además, toman conciencia de la pertenencia a un grupo. 10) También aprenden a relacionarse, a respetarse y a cumplir las normas sociales para integrarse mejor en el grupo. En conclusión, lo importante en el juego no es el resultado final, quién gane o quién pierda, sino todo el proceso y el tiempo que se ha compartido. Por último, es importante tener en cuenta que no sólo es necesario jugar en familia, los niños también deben aprender a jugar solos y con sus iguales.

viernes, 13 de febrero de 2015

Nuevas conductas adictivas

El concepto de conducta adictiva ha sido definido como el uso repetido y abusivo de una sustancia y/o la implicación compulsiva en la realización de una conducta determinada que, de forma directa o indirecta, modifica el medio interno del individuo de tal forma que obtiene un reforzamiento inmediato por el consumo o por la realización de esa conducta. El vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías hace que estas estén presentes en nuestra vida cotidiana de forma constante, llegando a ser imprescindibles para nuestros quehaceres diarios. Normalmente, la sociedad actual relaciona el término de adicción al consumo de sustancias, pero la realidad nos pone de manifiesto la existencia de las llamadas “adicciones sin sustancias” o “nuevas adicciones”, que surgen cuando son mal utilizadas e impiden la realización de otras actividades. Aunque este tipo de adicción puede darse en cualquier rango de edad, demográficamente son los adolescentes los que más lo sufren. De hecho, en un estudio realizado por la Fundación Pfizer en 2009, se observo que el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Estos datos, nos confirman el dato alarmante de que hay un alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes. Señales de alarma Los principales indicadores que nos ayudarían a identificar una posible pendencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden reflejar el paso de una afición en una adicción en adolescentes son las siguientes: 1. Privarse de sueño (menos de 5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos. 2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud. 3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos. 4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta. 5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo. 6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego. 7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios. 8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador. Por ello, el conectarse al ordenador nada más llegar a casa, encender el ordenador nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, reducir el tiempo de las tareas diarias como: comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana. Estrategias para la prevención El uso de las nuevas tecnologías e internet en el hogar es una práctica muy integrada en todos los hogares españoles. Por eso, es muy complicado para un padre pedirle a su hijo que no abuse de ellas, cuando es él mismo el que se las pone al alcance de la mano. Además, en muchas ocasiones son los adolescentes los que enseñan a los padres cómo utilizarlas. A pesar de ello, los padres deben ayudar a los adolescentes a desarrollar las habilidades sociales adecuadas, lo que, entre otras cosas, supone: 1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador. 2. Fomentar la relación con otras personas. 3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales. 4. Estimular el deporte y las actividades en equipo. 5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado. 6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia. Conclusiones La prevención ante este tipo de adicciones es fundamental para que no se conviertan en un dato preocupante. Por ello, tanto padres como educadores, deben instruir a los adolescentes en el uso adecuado de esta droga silenciosa y bien vista socialmente. El hecho de tener en sus manos el último modelo de Iphone, HTC, el tener el ordenador más moderno con las últimas actualizaciones, etc., conductas todas ellas alentadas por la sociedad consumista en la que nos encontramos inmersos, no ayudan a que esa prevención pueda llevarse a cabo de manera fácil.

domingo, 1 de febrero de 2015

Mantenerse siempre ocupado

Mente ocupada, mente feliz. Las personas que se mantienen ocupadas tienden a sentirse más felices que las personas que se aburren. Mantener la mente ocupada, incluso en actividades relativamente sin sentido, como hacer pasatiempos, logra que las personas se sientan más felices si las comparamos con las que no ocupan su tiempo. Los investigadores sobre este tema comentan que el deseo de evitar el aburrimiento y la depresión, junto al ocio motivador, son factores importantes para mantenerse ocupados. La necesidad de ganarse la vida o de ayudar a los demás son otros factores. El fenómeno general que nos interesa es por qué las personas están ocupadas haciendo lo que están haciendo en la sociedad moderna. La gente va corriendo, trabaja duro, va más allá del nivel básico... La Investigación A un grupo de voluntarios se les pidió que completaran una encuesta, luego tenían que esperar 15 minutos hasta la siguiente encuesta. A los voluntarios se les dieron dos opciones: Entregar la encuesta y no hacer nada durante esos 15 minutos Entregar la encuesta y dar un paseo durante esos 15 minutos En ambas opciones se les daba un caramelo a los participantes cuando entregaron la encuesta. Los voluntarios que dieron un paseo se encontraban más felices que los que se quedaron sin hacer nada durante 15 minutos. Sin embargo, si los caramelos que se ofrecían eran distintos los participantes vencían su pereza y casi todos se apuntaban a dar un paseo. Los investigadores opinan que esto puede deberse a que fueron capaces de identificar una razón para dar aquel paseo. Mantente ocupado a cualquier edad: A muchas personas, después de toda una vida de trabajo, cuando les llega la jubilación caen en una depresión. De repente no saben qué hacer, se sienten inútiles y poco a poco reducen sus actividades hasta prácticamente ponerse delante de un televisor y poco más. Sin embargo, otras personas, antes que llegue su jubilación ya tienen pensadas las cosas que les gustaría visitar, aprender, probar, practicar. Estas personas encuentran que tener tiempo libre es una oportunidad para enriquecerse. Es más probable que las personas que tienen su mente ocupada se cuiden más y tenga mejor salud que las que están inactivas. Mantener la mente ocupada contribuye a la salud mental, no importa la edad, hay cosas que siempre puedes hacer por mantener la mente activa. Fortalece tu memoria: Aprende una palabra nueva cada día, algún refrán o frase nueva que te guste. Escríbela al menos tres veces y repítela. Lee todo lo que puedas: Leer ayuda a tener más vocabulario, contribuye a estimular la imaginación y enriquece. Pasea todos los días: La actividad física es saludable y favorece la interacción social, se puede salir a pasear en grupo y disfrutar mientras se pasea. Haz crucigramas y juega a juegos de mesa Se ha comprobado que hacer crucigramas y participar en juegos de mesa pueda retrasar el deterioro cognitivo en personas con predisposición a padecer Alzheimer. Juega a videojuegos alguna vez por semana: Hay muchos videojuegos que estimulan la concentración, mantienen la alerta mental y además trasladan a mundos completamente distintos. No se trata de jugar todos los días, sino de usarlos alguna vez a la semana. Hay videojuegos que además recrean actividades físicas, que no requieren estar sentado y que se pueden practicar junto a otras personas. Presta tu ayuda, hazte voluntario: Ayuda a enfermos, niños, personas mayores, inmigrantes… Hay muchas ONG y asociaciones donde tu ayuda es importante.

domingo, 18 de enero de 2015

La actitud ante la enfermedad

Mantener una actitud positiva es beneficioso en cualquier aspecto de la vida. En el caso de tener que afrontar una enfermedad grave lo es todavía más. Cualquier persona tras ser diagnostica de una enfermedad ve por un instante cómo su vida se trunca. Su mente empieza a ser bombardeada por millones de preguntas y sus emociones empiezan a emerger de forma incontrolada. La actitud cura: afrontar la enfermedad desde el lado positivo La reacción más lógica ante estas circunstancias es la negación, la explosión de rabia, la ira y el dolor. La tristeza y el abatimiento se apoderan de la persona y de sus seres queridos. Pasada esta fase inicial es cuando las personas empiezan a adoptar una determinada actitud o un posicionamiento ante la nueva situación que les ha tocado vivir y ésta es la diferencia que marcará la diferencia. ¿Para qué complicar más las cosas con pensamientos negativos? Aceptar la situación lo antes posible Lo más recomendable es aceptar la situación lo antes posible; para poder cambiar algo, primero debemos ser conscientes de ello. Hay que evitar adelantarse a los acontecimientos. Lo que está por venir nadie lo sabe y ponerse en lo peor no nos ayuda a prevenirlo. Lo mejor es centrarse en el siguiente paso y después en el siguiente, y poco a poco ir avanzando, atajando las dificultades conforme se vayan presentando. Si no, podemos caer en el error de preocuparnos por algo que quizás nunca ocurra. El principal enemigo es el miedo: El principal enemigo contra el que se lucha en una enfermedad es el miedo. La incertidumbre de no saber a lo que hay que enfrentarse es lo que nos hace generar sufrimiento. La mejor manera de combatir esa incertidumbre es pedir información. Hay personas que eligen no saber, cuando creemos que es preferible hablar con los médicos y pedir las explicaciones necesarias para conocer con la mayor exactitud posible qué nos pasa y cómo podemos solucionarlo. El tratamiento lo decidirán los médicos, cómo se va a afrontar ese tratamiento lo decide el paciente. Hay personas que optan por compadecerse de ellas mismas, recreándose en el dolor y adoptando el rol de víctimas, lo cual no les beneficia en absoluto. Las personas que desde el principio se predisponen a situarse en el lado positivo presentarán de entrada un mejor pronóstico. Rodéate de tus personas más queridas: En los momentos difíciles es cuando necesitamos estar cerca de las personas más queridas y es cuando nos damos cuenta de con quién contamos y con quién no. Además, es fundamental rodearnos de aquellos que nos transmitan energía positiva y grandes dosis de optimismo. El sentido del humor, sentirse querido y compartir los sentimientos son los ingredientes perfectos para indicarle al cuerpo y al cerebro que tenemos mucho que decir sobre cómo va a ser el proceso de curación. Se ha comprobado que existe una relación directa entre el cuerpo, la mente y las emociones. Algunos investigadores lo han bautizado con el nombre de psiconeuroinmunología, término que se refiere a esa interacción biológica entre el sistema nervioso, el sistema inmune, el sistema endocrino, las actitudes y los comportamientos y en cómo esta relación afecta en el desarrollo de enfermedades o en sus procesos curativos. Son muchos los médicos que aseguran que la actitud del paciente y su estado emocional son determinantes en la evolución de la enfermedad. Trabajemos para aumentar nuestro optimismo: Para ello es conveniente hacer cosas que nos ayuden a mantener el optimismo, como ponernos en contacto con personas que hayan pasado por una situación similar, escribir un diario o crear un blog, escuchar música alegre que nos llene de vitalidad, engancharse a un libro o ver películas divertidas. Y, sobre todo, compartir y expresar lo que sentimos, darnos permiso para llorar, para estar tristes y para desahogarnos de la manera que cada necesitemos. Esto también forma parte de la mejoría emocional. Ser optimista cuando las cosas van bien es fácil, pero serlo cuando estamos pasando una enfermedad requiere un esfuerzo mucho mayor. Si sentimos que no podemos hacerlo solos, siempre podemos buscar ayuda de un profesional; lo importante es tener la certeza de que una buena actitud puede ser determinante para curarnos, y de que querer afrontar la enfermedad desde el lado positivo depende de nosotros.

Cómo superar los miedos

Incluso las personas más valientes tienen miedos que deben superar. ¿Le temes a algo tangible, como a las arañas o a las alturas? Quizás le temes al fracaso, al cambio o a algo que es más difícil de precisar. Sin importar qué es lo que te atemoriza, aprende a aceptarlo, a afrontarlo y a tomar el control de tu miedo para evitar que te reprima a lo largo de tu vida. Analiza tu miedo: Comienza por admitirlo. Es fácil ignorar o negar nuestros miedos, incluso a nosotros mismos, en una sociedad que enfatiza la importancia de ser fuerte y valiente. Sin embargo, el valor no puede entrar en juego a menos que tengas un miedo al que hacerle frente. Al reconocer tus sentimientos has dado el primer paso para obtener el control de la situación. En ocasiones, el miedo se da a conocer de inmediato y con claridad mientras que en otras es más difícil determinar la causa de esos sentimientos de ansiedad que acechan en el fondo de tu mente. Deja que tu miedo salga a la superficie y dale un nombre. Escríbelo: Escribir tu miedo es una manera de admitir oficialmente que tienes un problema que quieres superar. Llevar un diario es una buena forma de registrar tu progreso a medida que te esfuerzas por conquistar tu miedo. Puede servir como una guía para la próxima vez que tengas un problema que necesites solucionar. Puedes superar el miedo al hacerle frente cada vez que se interponga en tu camino y, una vez que hayas tomado una decisión, tus miedos desaparecerán. Define su forma: Abordar tu miedo como algo que tiene un inicio y un final puede ayudarte a ver que tienes el poder para contenerlo. Si puedes ver claramente la forma de tu miedo, podrás reconocerlo cuando te afecte y manejarlo de manera más eficaz. Responde las siguientes preguntas para entender mejor tu miedo. ¿Cuál es la historia de tu miedo? ¿Comenzó con una experiencia negativa? ¿Está relacionado a factores que afectaron el entorno de tu niñez? Desde hace cuánto tiempo te ha afectado? ¿Qué origina tu miedo? ¿Es algo obvio, como la señal de una serpiente sobre un camino? Quizás pasar por la puerta de la oficina de tu orientador profesional hace que tu mente caiga en una espiral descendente desde que caminas por el pasillo de la escuela. Descubre todo lo que desencadena tu miedo para que puedas determinar qué tan lejos se extiende. ¿Cómo te afecta tu miedo? ¿Hace que te quedes en la cama en lugar de levantarte e ir a una clase en la cual tienes miedo de fracasar? ¿Evitas visitar a tu familiar en otra ciudad porque no quieres subirte a un avión? Averigua exactamente qué influencia tiene tu miedo sobre tu mente y tu comportamiento. ¿La fuente de tu miedo es algo peligroso? El miedo puede ser una emoción sana que nos protege de los daños al hacernos evitar las cosas que son peligrosas. Determina si tienes una buena razón para tener miedo o si este es irracional o represor. Por ejemplo, si tienes miedo de subirte a esa montaña rusa totalmente extrema en el parque temático aun cuando todos tus amigos lo hacen, es posible que dicho miedo te inhiba. Si estás sano y tienes la edad correcta, puedes subirte a ella sin preocuparte por salir herido. Imagina el resultado deseado. Ahora que entiendes completamente tu miedo, piensa en qué quieres cambiar exactamente. Ya has fijado tu gran meta (quieres superar tu miedo), pero es importante fijarte metas concretas más pequeñas para ayudarte a llegar hasta allá. Por ejemplo: Si tienes miedo al compromiso, tu primera meta concreta podría ser salir con alguien durante más de un mes. Si tienes miedo a las alturas, quizás puedas fijarte como meta ir a un viaje de excursión con el club de actividades al aire libre de tu escuela. Si tu miedo es ir a la universidad, podrías comenzar por fijarte una meta de postular a tres escuelas. Si tienes miedo a las arañas, quizás quieras ser capaz de controlarte la próxima vez que veas a una en un baño. Controla tu miedo: Realiza una desensibilización gradual. A menudo, tenemos miedo de algo porque no hemos estado expuestos a eso el tiempo suficiente. Por lo general, la frase “el miedo a lo desconocido” se usa para describir la aversión automática que las personas sienten ante algo que es distinto. Si le temes a algo porque es un misterio, intenta exponerte a eso en dosis pequeñas hasta que puedas comprenderlo mejor y tu miedo comience a disiparse. Si le temes a las arañas, comienza por ver un dibujo mal hecho de una pintada con colores tontos. Cuando puedas ver esa caricatura y controlar tu reacción, comienza a ver fotos de arañas reales. Luego trata de barrer a las arañas muertas. A medida que ganes confianza mientras pasas por cada fase probándote a ti mismo que puedes controlar tu fobia, esta irá disminuyendo hasta que ya no sientas más que una punzada solo ante a las circunstancias más extremas. Si le temes a algo menos concreto, como al cambio, comienza por modificar un poco tu rutina diaria. Sal a correr en la mañana cada dos días o toma el autobús en lugar de manejar hasta el trabajo. Comenzarás a ver que eres capaz de manejar lo que la vida te dé y la confianza que desarrollarás te ayudará a lidiar con cambios mayores en tu vida. Considera la posibilidad de tener un afrontamiento directo. A veces, afrontar los miedos cara a cara es la mejor forma de superarlos. Esto es particularmente útil si hay una persona o situación en especial a la que le tienes miedo. Enfrentar la fuente de tus miedos puede permitirte ver que has enriquecido sus rasgos más temibles en tu mente y que en realidad no hay nada que temer. Imagina el peor escenario posible. ¿Qué es lo peor que podría pasar si saltases de lo más alto de la piscina o si hicieses una cita con un contador para analizar tus finanzas? Si sabes que vas a salir con vida por el otro lado y a estar orgulloso de tus logros, entonces adelante. Prepárate para lidiar con el fracaso: Afrontar un miedo es difícil y no siempre te conduce a una conclusión triunfante y disipación inmediata de dicho miedo. Probablemente tengas que afrontar tu miedo muchas veces antes de declararlo como conquistado. No permitas que el impulso disminuya: Se requiere una cierta cantidad de impulso para lidiar con el miedo. Cuando afrontas los contratiempos, puede ser tentador decidir rendirte. Mantente decidido a perseverar aun cuando superar tu miedo parezca imposible al tener estos consejos en mente: No confundas el miedo con el destino: Si le temes al fracaso, podrías decidir que tu destino es no comenzar con ese negocio de catering que siempre quisiste, mudarte de tu ciudad natal o superar el miedo a una interacción social. La verdad es que tú tienes el control de tu futuro. Tienes el poder para determinar el camino que tomarás. Resiste la tentación de esperar que las cosas salgan lo mejor posible y dejárselo al destino. No permitas que otras personas te repriman: Date cuenta de cuando alguien alimenta tus miedos al decirte que no eres adecuado o capaz de cambiar. Rodéate de gente que quiera que superes tus miedos y que logres tu potencial Sé valiente. Hay magia en la valentía. Sé valiente de una manera buena y moral. Significa que hagas lo que necesites hacer y lo que pienses que es moralmente correcto. Probablemente esto va mejor de la mano con la conquista de la ansiedad social. De seguro apreciarás la magia que la valentía traerá definitivamente a tu vida. Cambia tu forma de pensar en relación con el miedo Haz de tu miedo una fuente de fascinación: Las mismas cosas a las que les tememos también incitan sentimientos de euforia e incluso de pasión. Esa es la razón por la que las personas disfrutan de los deportes extremos, de las películas de terror y de nadar con tiburones durante las vacaciones. Intenta reformular tu miedo de una manera positiva y reconoce la emoción que puede ofrecerte. Cuando comiences a ver al miedo como una fuente de energía, podrías aceptar su papel en tu vida. Aprende lo más que puedas acerca de la fuente de tu miedo. ¿Por qué tiene tanto poder? ¿Qué te puede enseñar? Trata de afrontar tu miedo con esta perspectiva nueva en mente. ¿Se siente diferente? A algunas personas les gusta vivir al filo de su miedo y euforia. Comienza a ver al miedo como una oportunidad. Podemos usar al miedo como una herramienta para ayudarnos a identificar los problemas y solucionarlos con eficacia. Es un indicador, una bandera roja que nos advierte cada vez que debemos prestarle atención a algo. Una vez que el malestar inicial del miedo pase, examínalo con mayor detenimiento para ver lo que puedes aprender. Cuando le temes a algo desconocido, tómalo como una señal de que necesitas llegar a conocerlo mejor (ya sea una persona o situación). Si sientes un destello de miedo por un plazo o evento próximo a llegar, conviértelo en una oportunidad para elaborar un plan de acción que te ayude a estar completamente preparado, ya sea que signifique comenzar a escribir un artículo, ensayar para una obra de teatro o practicar un discurso. Si le temes al agua, piensa en las posibilidades que se te abrirán una vez que superes el miedo. Permite que el pensamiento de nadar y pasear en bote con tus amigos te motive para aprovechar esta oportunidad y enriquecer tu vida. Dale al miedo un lugar en tu vida Permítete tener miedo algunas veces. No hay forma de eliminar por completo el miedo de tu vida. Es una emoción tan válida como la alegría o la tristeza. El miedo forma el carácter y nos enseña a actuar con valentía. Si tienes muchos miedos, no seas duro contigo mismo. El miedo es una respuesta natural a las situaciones que están fuera de nuestro control y sentirlo significa que eres humano. No te exijas demasiado. Si tienes demasiado miedo de algo que puedes a menudo puedes evitar, como las tarántulas, es posible que no necesites obligarte a superarlo. Es importante tratar de superar los miedos que limitan tu vida, pero no te estreses con aquellos que no tienen un efecto real sobre ti. Celebra tus victorias. No esperes hasta haber superado completamente tu miedo para felicitarte por tu esfuerzo. Celebra cada progreso, ya sea que le hayas contado una historia a un grupo de personas en una fiesta, que hayas visto a una araña y te hayas dado cuenta de que no querías correr o que tú mismo hayas decidido hacer un viaje a una ciudad diferente por primera vez. Cuando veas lo bien que se siente obtener una ventaja sobre tu miedo, estarás listo para subir el próximo escalón. Consejos Considera la posibilidad de consultar con un consejero en caso de que tus miedos parezcan tener el control. Un especialista capacitado puede ayudarte a descubrir la fuente de tus miedos y a crear formas nuevas de lidiar con él. Nunca hagas nada demasiado peligroso, como tocar a una serpiente de cascabel venenosa sin el entrenamiento adecuado. Asegúrate de actuar con seguridad a medida que enfrentas tus miedos.