Decir la verdad: la sinceridad
"La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa. Muchos trastornos psicológicos llevan asociada la mentira como forma de evitación de circunstancias". La expresión máxima de ella seria la mitomanía: aquellos que inventan una realidad totalmente ficticia, que representan a su propio personaje y mienten para mantenerlo.
Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad. Esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más trabajo cuesta. Utilizamos las "mentiras piadosas" en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde no pasa nada, pero, obviamente, una pequeña mentira llevará a otra más grande y así sucesivamente, hasta que nos sorprenden y corremos el riesgo de perder la credibilidad.
Al inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Con aires de ser "franco" o "sincero", decimos con facilidad los errores que cometen los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.
No todo está en la palabra, también se puede ver la Sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia, como querer ser inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: "dime de qué presumes... y te diré de qué careces. Cabe enfatizar que "decir" la verdad es una parte de la Sinceridad, pero también "actuar" conforme a la verdad, es requisito indispensable.
El mostrarnos "cómo somos en la realidad", nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos. Esto se logra con el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades y limitaciones.
En ocasiones faltamos a la Sinceridad por descuido, utilizando las típicas frases "creo que quiso decir esto...", "me pareció que con su actitud lo que realmente pensaba era que ..." ; tal vez y con buena intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer los hechos. Ser sincero exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.
Para ser sincero también se requiere "tacto", esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla, primeramente debemos ser conscientes que el propósito es "ayudar", o, lo que es lo mismo, no hacerlo por disgusto, enojo o porque "nos cae mal"; hay que buscar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar.
En algún momento la Sinceridad requiere valor. Nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. Si, por ejemplo, es evidente que un amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la obligación de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que debe haber.
La persona sincera dice la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos en la mentira es más vergonzoso.
Al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, a la vez que nos convertimos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.
La sinceridad es la virtud de la franqueza, es el amor y el respeto por lo veraz. La persona sincera actúa siempre de buena fe y mantiene una coherencia entre sus palabras y sus actos. Es contrario a la mentira, a la duplicidad y a la hipocresía. Hay ocasiones en las que no nos gusta lo que oímos del amigo sincero, pero si tienes la suerte de contar con una amistad así, cuídala, es una joya. Aunque a veces se equivoque, nos haga daño y parezca injusto, porque, obviamente, la sinceridad excluye la mentira, no el error.
La sinceridad en la pareja
El mundo de la pareja y la sinceridad es otro ámbito donde también hay muchas teorías y preferencias. Casi siempre los estudios parecen coincidir en que la comunicación sincera en la pareja es fundamental. La sinceridad, la lealtad y la honestidad son valores que hombre y mujer reclaman en las relaciones de pareja como un pilar fundamental de las mismas. Incluso hasta la mayor fluidez en la comunicación de la pareja no servirá para nada si no hay sinceridad. Cuando falta provoca negatividad, desconfianza, recelo, falta de comunicación y en muchos casos ruptura o problemas mayores de diversa índole. La falta de sinceridad es, de hecho, una falta de respeto a la persona. Y cuando en la pareja falla el respeto, la evolución del problema puede adquirir dimensiones realmente preocupantes, hasta el punto de distorsionar el propio concepto de pareja. Una relación sin confianza mutua no va a ninguna parte. No una confianza ciega, sino racional. Si no tenemos motivos reales o probados para desconfiar, agobiar a nuestra pareja con nuestros miedos o inseguridades la apartará de nosotros. La falta de confianza enrarece las relaciones y hace difícil la convivencia.
El que es objeto de sospecha o acoso suele acabar desenamorándose, porque la actitud de su pareja le impide disfrutar de las cosas más simples y para no crear situaciones incómodas acaba renunciando a muchas cosas. Pero la persona que desconfía también sufre mucho y puede pasar fácilmente del amor a la obsesión. La solución a este problema pasa por la comunicación.
No obstante hay quien habla del término "sincericidio" como la persona que lleva hasta el extremo la sinceridad y su sinceridad le vale la muerte de su pareja.
Decir la verdad no significa que haya que decirlo todo. Hay que decir lo que se piensa pensando lo que se dice. La sinceridad no es salvajismo cruel que espeta la verdad, ni exhibicionismo impúdico, ni imprudencia. Todos tenemos derecho a callar, conviene no olvidar que cada persona es esclava de sus palabras y dueña de sus silencios. Hay ocasiones en las que se debe callar la verdad, así es cuando ésta lo único que puede acarrear es dolor y sufrimiento injusto o inútil a otra persona. Incluso pueden darse situaciones en las que uno no sólo tenga que callar y ocultar la verdad, sino mentir. A veces la mentira es el mal menor que hay que elegir. La sinceridad, la fidelidad a lo verdadero no es un absoluto. Ninguna virtud es absoluta. Por eso, ser fiel a lo verdadero no puede disculparnos de ser infiel a la compasión y al amor, a la amistad verdadera.
A veces se habla de las mentiras piadosas, y de los que piensan que decir la verdad no es una regla insalvable. Son los que piensan que a veces es mejor mentir. El problema es dónde poner el límite. Y entrando por la puerta de la mentira piadosa se llega a la habitación de la desconfianza. Pero también tenemos el otro extremo, las personas que prefieren la tranquilidad de su conciencia antes que evitar el sufrimiento del prójimo. Hay personas tan amantes de la verdad que tienen seco el corazón, son fanáticos de la verdad y no la supeditan ni a la compasión ni a la solidaridad. Seguro que alguna vez hemos tenido ocasión de atender a algunas personas moribundas, que piden la verdad a la que tenían derecho y hay que dársela por obligación; pero también hemos conocido a personas ya moribundas incluso que no querían saberla y que con los ojos nos piden que callemos o mintamos y así hemos de hacerlo por compasión.
Mentir o decir la verdad a un paciente ¿Qué es mejor?
La visión tradicional de la medicina occidental indica que los médicos, al comunicarse con sus enfermos, deben apegarse a la verdad. Se considera que decir la verdad es obligación moral y biomédica fundamental. En cambio, en China, donde la familia es un núcleo social fuerte que suele proteger al individuo, la ética médica sostiene que los doctores tienen el deber de esconder la verdad, e incluso de mentir cuando sea necesario con tal de beneficiar al paciente y a la familia encargada del afectado.
Esa visión presupone que la parentela tiene el deber de cuidar a sus miembros cuando enferman porque las cargas, los dolores y las responsabilidades deben compartirse. En nuestra sociedad, la sabiduría del médico radica en encontrar la fórmula adecuada para cada paciente, tarea, por cierto, harto compleja.
Ambas posturas, la occidental y la china, son contradictorias. El primero, el occidental, que se lleva a cabo sólo en las sociedades donde los médicos respetan "el valor" del enfermo como persona, afirma que los individuos son seres autónomos que tienen derecho a saber todo lo que acontece con su cuerpo. Dicha autonomía permite al doliente, en conjunto con su doctor y allegados, decidir qué es lo que más le conviene. En esa situación, mentir implica no respetar la autonomía del enfermo.
En el segundo panorama -el sustentado por la moral confucionista- los galenos tienen la obligación de "dosificar" la información e incluso de mentir cuando determinados datos podrían acelerar la enfermedad del afectado y precipitar la muerte, el suicidio, el aislamiento o deteriorar las relaciones familiares. Aunque ambos escenarios son veraces, plantean esquemas de conducta antagónicos, no sólo porque cada familia y cada enfermo son diferentes, sino porque los médicos también difieren entre sí.
En el papel y en el complicado mundo de la lógica occidental, la idea de decir la verdad parecería ser la correcta. Los médicos deben ser veraces porque son honestos y porque los enfermos tienen derecho a saber todo lo que les sucede. Sin embargo, en "el otro papel", el de la realidad modificada por la enfermedad, las cosas son distintas; no todos los pacientes quieren saber qué es lo que les sucede, no todos tienen la capacidad de manejar esa información y no todos los facultativos la transmiten adecuadamente ni abren las puertas para disipar las dudas que surjan en el futuro. El dilema es inmenso e interesante. El arte radica en saber qué es lo que cada paciente quiere conocer.
En nuestro medio, la enseñanza china se reproduce parcialmente en las clases socialmente desprotegidas. Es frecuente que los familiares de los pacientes, sobre todo cuando el diagnóstico es cáncer o enfermedades "graves", soliciten que no se transmita la información al interesado, pues suelen estar convencidos de que será en deterioro de su ser querido. En otras sociedades, como la estadounidense, el peso de la enfermedad lo lleva el enfermo y "un mínimo" de allegados.
¿Se debe decir la verdad a un niño adoptado?
Los padres de un niño adoptado se preguntan si deben decir al niño que él o ella es adoptado y cómo y cuándo deben de hacerlo. Ellos también desean saber si existen problemas especiales para su hijo.
Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que sean los padres los que le informen al niño acerca de la adopción. Muchos expertos opinan que se le debe de informar al niño cuando es pequeño. Este enfoque le da al niño, a una edad temprana, la oportunidad de poder aceptar la idea e integrarse al concepto de haber sido "adoptado". Otros expertos creen que el hacerle esta revelación al niño a una edad muy temprana puede confundirlo, ya que éste no puede entender el evento. Estos expertos recomiendan que se espere hasta que el niño sea mayor.
La adopción no es mala ni tampoco vergonzosa
En ambos casos, los niños deben de enterarse de su adopción de boca de sus padres adoptivos. Esto ayuda a que el mensaje de la adopción sea positivo y permite que el niño confíe en sus padres. Si el niño se entera de la adopción, intencional o accidentalmente, de boca de otra persona que no sea uno de sus padres, el niño puede sentir ira y desconfianza hacia sus padres, y puede ver la adopción como mala o vergonzosa, ya que se mantuvo en secreto.
Los niños adoptados querrán hablar acerca de su adopción y los padres deben de estimular este proceso. En las librerías hay excelentes libros de cuentos que pueden ayudar a los padres a explicarle al niño acerca de su adopción.
Reacción del hijo adoptado ante la verdad
Los niños reaccionan de manera diferente al enterarse de que son adoptados. Sus emociones y reacciones dependen de su edad y de su nivel de madurez. El niño puede negarse a aceptar que fue adoptado y puede crear fantasías acerca de la adopción. Frecuentemente, los niños adoptados se apegan a la creencia de que los dieron porque eran malos o pueden creer que fueron secuestrados. Si los padres hablan con franqueza acerca de la adopción y la presentan de manera positiva, es menos probable que se desarrollen estas preocupaciones.
Todos los adolescentes pasan por una etapa de lucha por su identidad en la que se preguntan cómo encajan en su familia, con sus compañeros y con el resto del mundo. Es razonable que el adolescente adoptado tenga un marcado interés en sus padres naturales durante esta etapa. Esta curiosidad expresada es común y no quiere decir que él o ella esté rechazando a los padres adoptivos. Algunos adolescentes pueden desear conocer la identidad de sus padres naturales. Los padres adoptivos pueden responderle al adolescente haciéndole saber que es correcto y natural tener ese deseo. A los adolescentes que preguntan generalmente se les debe dar, con tacto y mediante una conversación dándole apoyo, la información sobre su familia natural.
viernes, 20 de marzo de 2015
Decir la verdad: la sinceridad
"La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa. Muchos trastornos psicológicos llevan asociada la mentira como forma de evitación de circunstancias". La expresión máxima de ella seria la mitomanía: aquellos que inventan una realidad totalmente ficticia, que representan a su propio personaje y mienten para mantenerlo.
Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad. Esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más trabajo cuesta. Utilizamos las "mentiras piadosas" en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde no pasa nada, pero, obviamente, una pequeña mentira llevará a otra más grande y así sucesivamente, hasta que nos sorprenden y corremos el riesgo de perder la credibilidad.
Al inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Con aires de ser "franco" o "sincero", decimos con facilidad los errores que cometen los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.
No todo está en la palabra, también se puede ver la Sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia, como querer ser inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: "dime de qué presumes... y te diré de qué careces. Cabe enfatizar que "decir" la verdad es una parte de la Sinceridad, pero también "actuar" conforme a la verdad, es requisito indispensable.
El mostrarnos "cómo somos en la realidad", nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos. Esto se logra con el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades y limitaciones.
En ocasiones faltamos a la Sinceridad por descuido, utilizando las típicas frases "creo que quiso decir esto...", "me pareció que con su actitud lo que realmente pensaba era que ..." ; tal vez y con buena intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer los hechos. Ser sincero exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.
Para ser sincero también se requiere "tacto", esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla, primeramente debemos ser conscientes que el propósito es "ayudar", o, lo que es lo mismo, no hacerlo por disgusto, enojo o porque "nos cae mal"; hay que buscar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar.
En algún momento la Sinceridad requiere valor. Nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. Si, por ejemplo, es evidente que un amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la obligación de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que debe haber.
La persona sincera dice la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos en la mentira es más vergonzoso.
Al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, a la vez que nos convertimos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.
La sinceridad es la virtud de la franqueza, es el amor y el respeto por lo veraz. La persona sincera actúa siempre de buena fe y mantiene una coherencia entre sus palabras y sus actos. Es contrario a la mentira, a la duplicidad y a la hipocresía. Hay ocasiones en las que no nos gusta lo que oímos del amigo sincero, pero si tienes la suerte de contar con una amistad así, cuídala, es una joya. Aunque a veces se equivoque, nos haga daño y parezca injusto, porque, obviamente, la sinceridad excluye la mentira, no el error.
La sinceridad en la pareja
El mundo de la pareja y la sinceridad es otro ámbito donde también hay muchas teorías y preferencias. Casi siempre los estudios parecen coincidir en que la comunicación sincera en la pareja es fundamental. La sinceridad, la lealtad y la honestidad son valores que hombre y mujer reclaman en las relaciones de pareja como un pilar fundamental de las mismas. Incluso hasta la mayor fluidez en la comunicación de la pareja no servirá para nada si no hay sinceridad. Cuando falta provoca negatividad, desconfianza, recelo, falta de comunicación y en muchos casos ruptura o problemas mayores de diversa índole. La falta de sinceridad es, de hecho, una falta de respeto a la persona. Y cuando en la pareja falla el respeto, la evolución del problema puede adquirir dimensiones realmente preocupantes, hasta el punto de distorsionar el propio concepto de pareja. Una relación sin confianza mutua no va a ninguna parte. No una confianza ciega, sino racional. Si no tenemos motivos reales o probados para desconfiar, agobiar a nuestra pareja con nuestros miedos o inseguridades la apartará de nosotros. La falta de confianza enrarece las relaciones y hace difícil la convivencia.
El que es objeto de sospecha o acoso suele acabar desenamorándose, porque la actitud de su pareja le impide disfrutar de las cosas más simples y para no crear situaciones incómodas acaba renunciando a muchas cosas. Pero la persona que desconfía también sufre mucho y puede pasar fácilmente del amor a la obsesión. La solución a este problema pasa por la comunicación.
No obstante hay quien habla del término "sincericidio" como la persona que lleva hasta el extremo la sinceridad y su sinceridad le vale la muerte de su pareja.
Decir la verdad no significa que haya que decirlo todo. Hay que decir lo que se piensa pensando lo que se dice. La sinceridad no es salvajismo cruel que espeta la verdad, ni exhibicionismo impúdico, ni imprudencia. Todos tenemos derecho a callar, conviene no olvidar que cada persona es esclava de sus palabras y dueña de sus silencios. Hay ocasiones en las que se debe callar la verdad, así es cuando ésta lo único que puede acarrear es dolor y sufrimiento injusto o inútil a otra persona. Incluso pueden darse situaciones en las que uno no sólo tenga que callar y ocultar la verdad, sino mentir. A veces la mentira es el mal menor que hay que elegir. La sinceridad, la fidelidad a lo verdadero no es un absoluto. Ninguna virtud es absoluta. Por eso, ser fiel a lo verdadero no puede disculparnos de ser infiel a la compasión y al amor, a la amistad verdadera.
A veces se habla de las mentiras piadosas, y de los que piensan que decir la verdad no es una regla insalvable. Son los que piensan que a veces es mejor mentir. El problema es dónde poner el límite. Y entrando por la puerta de la mentira piadosa se llega a la habitación de la desconfianza. Pero también tenemos el otro extremo, las personas que prefieren la tranquilidad de su conciencia antes que evitar el sufrimiento del prójimo. Hay personas tan amantes de la verdad que tienen seco el corazón, son fanáticos de la verdad y no la supeditan ni a la compasión ni a la solidaridad. Seguro que alguna vez hemos tenido ocasión de atender a algunas personas moribundas, que piden la verdad a la que tenían derecho y hay que dársela por obligación; pero también hemos conocido a personas ya moribundas incluso que no querían saberla y que con los ojos nos piden que callemos o mintamos y así hemos de hacerlo por compasión.
Mentir o decir la verdad a un paciente ¿Qué es mejor?
La visión tradicional de la medicina occidental indica que los médicos, al comunicarse con sus enfermos, deben apegarse a la verdad. Se considera que decir la verdad es obligación moral y biomédica fundamental. En cambio, en China, donde la familia es un núcleo social fuerte que suele proteger al individuo, la ética médica sostiene que los doctores tienen el deber de esconder la verdad, e incluso de mentir cuando sea necesario con tal de beneficiar al paciente y a la familia encargada del afectado.
Esa visión presupone que la parentela tiene el deber de cuidar a sus miembros cuando enferman porque las cargas, los dolores y las responsabilidades deben compartirse. En nuestra sociedad, la sabiduría del médico radica en encontrar la fórmula adecuada para cada paciente, tarea, por cierto, harto compleja.
Ambas posturas, la occidental y la china, son contradictorias. El primero, el occidental, que se lleva a cabo sólo en las sociedades donde los médicos respetan "el valor" del enfermo como persona, afirma que los individuos son seres autónomos que tienen derecho a saber todo lo que acontece con su cuerpo. Dicha autonomía permite al doliente, en conjunto con su doctor y allegados, decidir qué es lo que más le conviene. En esa situación, mentir implica no respetar la autonomía del enfermo.
En el segundo panorama -el sustentado por la moral confucionista- los galenos tienen la obligación de "dosificar" la información e incluso de mentir cuando determinados datos podrían acelerar la enfermedad del afectado y precipitar la muerte, el suicidio, el aislamiento o deteriorar las relaciones familiares. Aunque ambos escenarios son veraces, plantean esquemas de conducta antagónicos, no sólo porque cada familia y cada enfermo son diferentes, sino porque los médicos también difieren entre sí.
En el papel y en el complicado mundo de la lógica occidental, la idea de decir la verdad parecería ser la correcta. Los médicos deben ser veraces porque son honestos y porque los enfermos tienen derecho a saber todo lo que les sucede. Sin embargo, en "el otro papel", el de la realidad modificada por la enfermedad, las cosas son distintas; no todos los pacientes quieren saber qué es lo que les sucede, no todos tienen la capacidad de manejar esa información y no todos los facultativos la transmiten adecuadamente ni abren las puertas para disipar las dudas que surjan en el futuro. El dilema es inmenso e interesante. El arte radica en saber qué es lo que cada paciente quiere conocer.
En nuestro medio, la enseñanza china se reproduce parcialmente en las clases socialmente desprotegidas. Es frecuente que los familiares de los pacientes, sobre todo cuando el diagnóstico es cáncer o enfermedades "graves", soliciten que no se transmita la información al interesado, pues suelen estar convencidos de que será en deterioro de su ser querido. En otras sociedades, como la estadounidense, el peso de la enfermedad lo lleva el enfermo y "un mínimo" de allegados.
¿Se debe decir la verdad a un niño adoptado?
Los padres de un niño adoptado se preguntan si deben decir al niño que él o ella es adoptado y cómo y cuándo deben de hacerlo. Ellos también desean saber si existen problemas especiales para su hijo.
Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que sean los padres los que le informen al niño acerca de la adopción. Muchos expertos opinan que se le debe de informar al niño cuando es pequeño. Este enfoque le da al niño, a una edad temprana, la oportunidad de poder aceptar la idea e integrarse al concepto de haber sido "adoptado". Otros expertos creen que el hacerle esta revelación al niño a una edad muy temprana puede confundirlo, ya que éste no puede entender el evento. Estos expertos recomiendan que se espere hasta que el niño sea mayor.
La adopción no es mala ni tampoco vergonzosa
En ambos casos, los niños deben de enterarse de su adopción de boca de sus padres adoptivos. Esto ayuda a que el mensaje de la adopción sea positivo y permite que el niño confíe en sus padres. Si el niño se entera de la adopción, intencional o accidentalmente, de boca de otra persona que no sea uno de sus padres, el niño puede sentir ira y desconfianza hacia sus padres, y puede ver la adopción como mala o vergonzosa, ya que se mantuvo en secreto.
Los niños adoptados querrán hablar acerca de su adopción y los padres deben de estimular este proceso. En las librerías hay excelentes libros de cuentos que pueden ayudar a los padres a explicarle al niño acerca de su adopción.
Reacción del hijo adoptado ante la verdad
Los niños reaccionan de manera diferente al enterarse de que son adoptados. Sus emociones y reacciones dependen de su edad y de su nivel de madurez. El niño puede negarse a aceptar que fue adoptado y puede crear fantasías acerca de la adopción. Frecuentemente, los niños adoptados se apegan a la creencia de que los dieron porque eran malos o pueden creer que fueron secuestrados. Si los padres hablan con franqueza acerca de la adopción y la presentan de manera positiva, es menos probable que se desarrollen estas preocupaciones.
Todos los adolescentes pasan por una etapa de lucha por su identidad en la que se preguntan cómo encajan en su familia, con sus compañeros y con el resto del mundo. Es razonable que el adolescente adoptado tenga un marcado interés en sus padres naturales durante esta etapa. Esta curiosidad expresada es común y no quiere decir que él o ella esté rechazando a los padres adoptivos. Algunos adolescentes pueden desear conocer la identidad de sus padres naturales. Los padres adoptivos pueden responderle al adolescente haciéndole saber que es correcto y natural tener ese deseo. A los adolescentes que preguntan generalmente se les debe dar, con tacto y mediante una conversación dándole apoyo, la información sobre su familia natural.
Consejos para ahorrar
En la situación económica de crisis mundial en la que vivimos, mucha gente quiere ahorrar pero no sabe por dónde empezar. Es muy importante conocer los puntos claves para empezar a ahorrar y sacarle así el máximo provecho a este hábito. Te damos unos consejos para saber cómo fomentar el ahorro personal.
1. En primer lugar hay que tener en cuenta que es muy importante evitar las prácticas que supongan un aumento de los gastos innecesarios, de modo que es recomendable seguir unas pautas para un consumo responsable e inteligente.
2. Puede venir muy bien administrar el dinero disponible para cada mes e ir llevando un recuento de los gastos realizados y a realizar dentro del mes.
3. En caso de no poder solventar una situación económica muy complicada, siempre se puede recurrir al asesoramiento profesional. De esta forma tendremos ayuda para marcarnos objetivos de ahorro a corto y largo plazo.
4. Si queremos invertir nuestro dinero o contratar un producto financiero para mejorar nuestro ahorro, es muy importante no asumir riesgos innecesarios y no tomar decisiones precipitadas si no se conoce a fondo el producto o el mercado financiero.
5. Es muy importante mantenerse constante y paciente, sólo de este modo se obtendrán los resultados deseados. Hay que tener siempre presente que el ahorro no se puede producir de un día para otro, hay que aplicar estos consejos y no desesperarse.
6. Verificar la situación financiera
7. Antes de abordar un plan de ahorro, lo principal es comprobar el estado real de la situación económica personal. Se deben contabilizar y revisar en profundidad las finanzas personales: ingresos, gastos o deudas, tanto presentes como futuros.
8. Hay que contabilizar y revisar en profundidad las finanzas personales
9. Hay que revisar también la capacidad de respuesta ante posibles imprevistos, como pérdida de empleo, reducción de ingresos, aumento de gastos o vencimiento de deudas contraídas. Si la situación no es la idónea, debe iniciarse lo antes posible un plan para subsanar los desequilibrios.
10. Registrar y clasificar los gastos
11. Se debe elaborar y guardar un registro de todos los gastos y jerarquizarlos desde los más importantes a los más nimios. Una opción es comenzar un registro semanal o mensual, ya sea digital o en archivadores o cuadernos, para luego ampliarlo.
12. La mejor manera de recortar gastos es conocerlos con exactitud. Así será posible establecer prioridades en el gasto.
13. Elaborar un presupuesto
14. Debe confeccionarse un presupuesto que refleje tanto los gastos como los ingresos para, a partir de ahí, equilibrar ambas partidas y comenzar a ahorrar. La manera de hacerlo es reducir la partida de gastos, o en el mejor de los casos aumentar los ingresos, para buscar un excedente que se dedicará al ahorro.
15. Una vez realizado, de nada servirá si no hay una apuesta decidida en cumplir las premisas que se han marcado. La constancia y tenacidad son claves.
16. Fijar un porcentaje de ingresos para el ahorro
17. Los expertos recomiendan un excedente de al menos el 10% de los ingresos dedicado al ahorro. Lo más conveniente para reservar ese porcentaje es considerar esta cantidad como un gasto fijo ineludible más.
18. Sin una ausencia de obligación de pago, resulta muy difícil mantener esa premisa. Una opción puede ser la apertura de una cuenta de ahorros para tal efecto. Con ella, el registro de los ahorros es más sencillo, la motivación aumenta y se acumulan intereses.
19. Establecer metas de ahorro
20. La clave está en reforzar el hábito de ahorro para alcanzar los objetivos establecidos de antemano. Si se dispone de una meta, los esfuerzos que exige el plan son más asumibles y se mantiene una constancia.
21. Conviene comenzar con pequeñas metas y, una vez obtenidas, lanzarse a retos mayores
22. Para no incurrir en frustraciones, lo mejor es comenzar con pequeñas metas y, una vez obtenidas, lanzarse a retos mayores. Para ello, en el presupuesto ha de definirse la cantidad necesaria, el tiempo y la estrategia para realizarlo.
23. Eliminar los gastos superfluos
24. Dar prioridad a los gastos ineludibles y desechar los alentados por un impulso de satisfacción inmediata. El presupuesto determinará las prioridades y ayudará a rechazar esos pequeños gastos innecesarios que harán factible el ahorro. Deben analizarse los hábitos de consumo para poder recortar gastos.
25. Crear un fondo de emergencia
26. Una vez que se registran resultados en forma de excedentes del ahorro, debe asegurarse una parte de esa cantidad para constituir una reserva de dinero. Esta solo se utilizará en caso de emergencia o imprevistos ineludibles.
27. Evitar y/o controlar las deudas
28. Para no incurrir en deudas o que estas no se incrementen, una prioridad ha de ser la de pagarlas en el plazo estipulado. Asimismo, se debe aprender a vivir con los ingresos de que se dispone y no a base de préstamos y créditos.
29. En esto, el presupuesto deberá regir de nuevo las acciones de gasto. Para ahorrar dinero es necesario contar con la menor cantidad de deudas posible, ya que de otro modo el excedente se irá en el pago de los intereses. Se debe gastar lo que se tiene. De ahí que convenga utilizar las tarjetas de crédito lo menos posible.
30. Buscar ofertas y descuentos
31. El ahorro pasa por la reducción del gasto. Buscar, comparar o negociar las mejores y descuentos es básico en este objetivo. Las ofertas y descuentos aparecen en casi todas las partidas de gasto si se persiguen con tenacidad.
32. Una vez que se ha conseguido un excedente de dinero gracias al plan de ahorro, conviene sacarle el máximo rendimiento posible
33. Desde el ahorro en la energía del hogar (facturas de electricidad, agua, gas, teléfono, transporte...), hasta la compra o la ropa (listas para el supermercado, periodos de ofertas y rebajas, promociones, liquidaciones...) y la reducción en los gastos destinados al ocio (comidas fuera, actividades gratuitas o páginas web de descuento) es posible con las medidas adecuadas.
34. Invertir con precaución
35. Una vez que se ha conseguido un excedente de dinero gracias al plan de ahorro, conviene sacarle el máximo rendimiento posible, pero siempre con las mayores garantías. Nunca debe olvidarse que a mayor beneficio, mayor riesgo, si bien se busca asegurar unos ahorros, no perderlos en aventuras financieras.
36. Los ahorros deben depositarse en instituciones fiables y solventes, elegir las mejores ofertas del mercado, como los depósitos a plazo fijo, siempre que se comparen los distintos tipos de interés ofertados por las entidades para las cuentas de horro. Conviene huir de rendimientos extraordinarios, ya que rara vez las promesas de este tipo son satisfechas. Por último, bajo ningún concepto se deben contratar productos financieros que no se comprenden.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Mantener el amor en la conviviencia
¡Qué maravilla el noviazgo! Parece que sólo se tiene sentido para estar con la persona amada y el hecho de verla venir, sonreír o darle la mano es el mayor espectáculo del mundo. Te olvidas de cuanto hay a tu alrededor. El mundo parece ofrecer sólo un objetivo: estar en esa compañía que sin saber cómo ni por qué te ha absorbido el seso, la vista y el discernimiento todo. Un paseo en pareja, mirándose a los ojos, con una sonrisa permanente en los labios, sin que a veces sea necesario mediar ni una palabra para compenetrarse, agarrados de la mano, de la cintura o pasando un brazo por un hombro; sintiéndose, viéndose o escuchándose, te llena de satisfacción. No se sabe si pasa la gente, qué noticias ocurren alrededor, quién ha saludado o llamado. Se sigue camino pisando una nube de amor maravilloso mezcla de física y química sin que el tiempo parezca avanzar. Sin embargo, ese amor conviene alimentarlo para que con el paso del tiempo no se convierta en rutina. El enamoramiento es el predecesor del amor, es posible sentirlo al inicio de las relaciones y suele no superar los dos años. Este límite puede cambiarse sencillamente recordando que una relación de pareja se construye a diario y por lo tanto debe ser alimentada y sostenida día tras día, con el fin de garantizar no sólo la estabilidad durante los años, sino también la calidad y los buenos principios. A continuación 34 consejos para mantener viva este excelente binomio de enamoramiento y amor en la relación.
01. Comunícate más en espacios presenciales y menos por medios virtuales
02. Ten presente fechas que puedan tener alguna importancia para la pareja
03. Busca espacios de diálogo cuando algún inconveniente haya quedado sin resolver
04. Ten presente que el hablar todo el día no significa comunicarse
05. Dale más besos a tu pareja cada día
06. Prepara encuentros íntimos en espacios diferentes
07. Encárgate de darle regalos escogidos por ti
08. Mantén detalles de bajo costo que le recuerden a la pareja que es importante para ti (dulces, notas secretas, miradas cómplices, cambios de rutina, …)
09. Manifiesta a tu pareja los aciertos que tenga durante la semana
10. Recuérdale a tu pareja que la admiras
11. Hay que perdonar situaciones puntuales que aparezcan con el tiempo, de lo contrario estos detalles terminarán en desconfianza.
12. Domina situaciones que requieran decisiones, la pareja siempre quiere actos contundentes.
13. No olvides que el casarse es sólo el comienzo del matrimonio, este debe construirse a diario
14. La risa es un componente importante de la felicidad
15. No seas predecible en tus comportamientos, crea siempre nuevas expectativas
16. Prepara o comparte gustos culinarios con tu pareja
17. Expresa tus preferencias y deseos sexuales a tu pareja
18. Conoce el cuerpo de tu pareja observando todos sus espacios
19. No te cargues de detalles que aunque consideres mínimos en algún momento te lleven a explotar
20. Estimula los sentidos cumpliendo fantasías sexuales con tu pareja
21. Cuando llegan los hijos a la relación hay que mantener espacios de la pareja para compartirlos a solas
22. Utiliza palabras de afecto que para la pareja sean motivadoras
23. Mantened espacios individuales delimitados sin exceder la libertad
24. No busquéis respuestas en correos, chats o móvil de tu pareja
25. Dale un masaje a tu pareja de vez en cuando
26. Cuida tu aspecto personal, la limpieza y el orden de tus cosas
27. Controla la repetición verbal de episodios del pasado que ya hayan sido perdonados
28. Crea espacios para realizar algún tipo de actividad que a los dos os guste por igual (practicar algún deporte, pasear, ir de compras, a algún espectáculo, conferencia, concierto, exposición,…)
29. Genera situaciones sorpresivas que rompan con la rutina (prepara un viaje, cambia de imagen, cocina su plato preferido,…)
30. No permitas que una discusión pierda el sentido y termine en agresiones verbales o físicas
31. Sé puntual en tus horarios
32. Cumple tus acuerdos, promesas, tratos, pactos y juramentos que hayáis planteado en algún instante de vuestra relación
33. Aprende a aceptar los defectos
34. Siempre sé tú mismo, pero no olvides nunca el respeto
sábado, 28 de febrero de 2015
Beneficios del ejercicio físico
Realizar de forma regular y sistemática una actividad física ha demostrado ser una práctica muy beneficiosa en la prevención, desarrollo y rehabilitación de la salud, a la vez que ayuda al carácter, la disciplina y a la toma de decisiones en la vida cotidiana.
El ejercicio físico, ya sea de corta o larga duración, contribuye a establecer un bienestar mental, mejorando la autonomía de la persona, la memoria, rapidez de ideas, … y promoviendo sensaciones como el optimismo o la euforia, al tiempo que mejora la autoestima de las personas, lo que produce beneficios en diferentes enfermedades como la osteoporosis, la hipertensión o las crisis diabéticas.
Todas las actividades encaminadas a mejorar la forma física (por ejemplo, tras un período largo de inactividad), deben realizarse de manera progresiva. Cada deportista debe analizar las demandas de su deporte de elección antes de decidir su plan de entrenamiento. La intensidad y la carga deben ser determinadas de forma individual, ya que dependen del nivel técnico y de la condición física de cada persona.
Beneficios biológicos
• Mejora la forma y resistencia física.
• Regula las cifras de presión arterial.
• Incrementa o mantiene la densidad ósea.
• Mejora la resistencia a la insulina.
• Ayuda a mantener el peso corporal.
• Aumenta el tono y la fuerza muscular.
• Mejora la flexibilidad y la movilidad de las articulaciones.
• Reduce la sensación de fatiga.
Beneficios psicológicos
• Aumenta la autoestima.
• Mejora la autoimagen.
• Reduce el aislamiento social.
• Rebaja la tensión y el estrés.
• Reduce el nivel de depresión.
• Ayuda a relajarte.
• Aumenta el estado de alerta.
• Disminuye el número de accidentes laborales.
• Menor grado de agresividad, ira, angustia...
• Incrementa el bienestar general.
viernes, 20 de febrero de 2015
Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil
Diferencias entre nerviosismo e hiperactividad infantil
Muchas son las familias que en algún momento de la infancia de sus hijos se preguntan: ¿es nervioso o tendrá hiperactividad? También, cada vez más, el profesorado insiste a los padres para que realicen una consulta con un especialista, ya que observan que, entre otras conductas, el niño es muy «movido», se desmotiva rápidamente y le cuesta prestar atención.
En el caso de los niños inquietos o nerviosos no siempre resulta fácil la distinción entre un estado de nerviosismo como tal, un cierto grado de hiperactividad normal y un niño con un trastorno constituido de desatención e hiperactividad, denominado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
La confusión en la vida diaria entre nerviosismo y TDAH viene dada por la similitud de ciertas conductas que pueden presentar algunos niños durante la infancia, entre las que cabe destacar el exceso de movimiento, la irritabilidad, la desatención, los trastornos del sueño y el llanto frecuente. Ante estas conductas muchos padres y profesores se preguntan si su hijo o su alumno tendrá TDAH. Pero lo cierto es que muchos niños pueden mostrarse nerviosos, ser inquietos o portarse mal sin que esto quiera decir que tienen TDAH.
Si los padres lo observan más pro¬fundamente, pueden encontrar una causa probable del nerviosismo de su hijo: cambios de ambiente, problemas en sus relaciones, celos, temores, cansancio por alteraciones en el sueño... O quizás, simplemente, puede tratarse de un niño más inquieto dentro de una variable normal del desarrollo. Por todo ello es importante observar detenidamente su día a día.
Por otra parte, si un niño presenta solamente en un determinado entorno algunas de las conductas antes citadas, por ejemplo en casa o en el colegio, es muy probable que no padezca TDAH: habrá que averiguar, entonces, si está viviendo algún problema o preocupación en uno u otro ámbito.
Otro factor que debe tenerse en cuenta para pensar en un posible TDAH es el momento de aparición de dichas conductas. Mientras que un niño sin TDAH puede pasar a un estado de nerviosismo de forma rápida o de forma gradual, en los niños con TDAH la aparición de muchos síntomas se ha detectado ya en la primera infancia: muchos padres de niños con diagnóstico de TDAH confirman que sus hijos han sido bebés irritables, llorones, con trastornos del sueño... Hay madres que los recuerdan muy inquietos incluso durante el embarazo.
Considerando que, dentro de las variables normales del desarrollo, hay niños más nerviosos, si los padres observan, no obstante, que el estado de nerviosismo del niño se prolonga e influye negativamente en su vida diaria, es el momento de acudir a la consulta de un psicólogo.
El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es el trastorno neurobiológico más frecuente en la infancia. Se estima que lo padece el 5% de la población infanto-juvenil. Es un síndrome caracterizado por la desatención, la hiperactividad y la impulsividad, aunque no siempre tienen que estar presentes conjuntamente, pues¬to que existen distintos subtipos. Se trata de un trastorno crónico que puede cambiar sus manifestaciones desde la infancia hasta la edad adulta e interfiere en muchas áreas del funcionamiento normal.
El TDAH suele diagnosticarse en los primeros años de la enseñanza primaria, y es fundamental que sean los profesionales médicos (neuropediatra o psiquiatra infantil) los que realicen un diagnóstico precoz y definitivo. Durante el proceso, serán necesarias entrevistas con los padres y con el niño y análisis de la información de los profesores, así como exámenes físicos y pruebas complementarias para descartar otros problemas.
Entre los criterios diagnósticos, se pueden contemplar algunas conductas relacionadas directamente con las dificultades atencionales: la falta de atención suficiente a los detalles, las dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, la falta de concentración en ta¬reas escolares (que a menudo quedan inacabadas), el rechazo de tareas que exijan esfuerzo cognitivo y el extravío frecuente de objetos.
En el criterio diagnóstico para la hiperactividad-impulsividad se contemplan, entre otras conductas, el movimiento excesivo de manos y pies, la dificultad para permanecer en el asiento durante un rato, la necesidad imperiosa de correr o saltar en situaciones inapropiadas, la dificultad para jugar tranquilamente, hablar en exceso, la emisión de respuestas antes de haber terminado de oír la pregunta, la dificultad para esperar turno y la irrupción en las actividades de otros niños. Para establecer como diagnóstico el TDAH deben cumplirse, al menos, seis síntomas de cada criterio. Esos síntomas deben estar presentes, como mínimo, durante seis meses, y manifestarse en más de un en¬torno. Además, algunos de los síntomas deben haber aparecido antes de los 7 años de edad.
El tratamiento adecuado del TDAH debe abordarse, de forma coordinada, desde distintos campos terapéuticos: farmacológico (con la prescripción de un neurólogo o un psiquiatra), psicológico y psicopedagógico; teniendo siempre presente que ninguno de ellos es único ni puede sustituir a los demás.
martes, 17 de febrero de 2015
Beneficios de jugar en familia
El juego, con ser una diversión en sí, no debe ser exclusivo para la infancia por aquello de que para el adulto puede suponer una pérdida de tiempo, ya que resulta un medio no sólo para disfrutar en familia, sino, a través de él, observar, aprender, enseñar y trabajar una cohesión que fijará conductas y unirá a las familias deleitándolas.
Por eso hemos resumido esta conclusión en 10 beneficios psicológicos que puede aportar el juego en familia:
1) Los progenitores son un aspecto imprescindible cuando un hijo juega, ya que son su referente, quienes le enseñan cómo y con qué jugar, al regalarle los juguetes y explicarle su funcionamiento.
2) A través del juego los padres ayudan a su prole a desarrollar la imaginación y la socialización.
3) El juego hace que mejore la relación paterno-filial. También, con hermanos, hace que se conozcan mutuamente y mejore su relación.
4) Jugando, los hijos sentirán que sus padres no son sólo una figura de autoridad que está presente en su educación, sino también en la diversión y el disfrute, lo que supone también una importante forma de expresar el cariño.
5) Cuando un niño termina un puzle o coloca bien una pieza, y los adultos le felicitan por ello, contribuyen a mejorar su autoestima y motivación. La sensación positiva que se produce en el hijo hace que quiera repetirlo con mayor frecuencia y que se enfrente con más fuerza a nuevos retos y actividades.
6) Jugar con los hijos es una forma de conocer sus necesidades e intereses, porque los niños suelen expresar sus sentimientos y preocupaciones a través del juego.
7) El juego también muestra cuáles son las habilidades, limitaciones y virtudes de los niños, lo que supone para los padres una valiosa información sobre las aptitudes, los gustos y el carácter de sus hijos.
8) Jugar es una estupenda manera de aprender los unos de los otros, porque los hijos pueden enseñar cosas a los padres a través del juego, igual que los padres enseñan a sus hijos.
9) Es una fuente de experimentación y conocimiento de uno mismo y de los que le rodean, tanto con los padres como con los hermanos, ya que, al jugar todos juntos y observarse entre ellos, aprenden. Además, toman conciencia de la pertenencia a un grupo.
10) También aprenden a relacionarse, a respetarse y a cumplir las normas sociales para integrarse mejor en el grupo.
En conclusión, lo importante en el juego no es el resultado final, quién gane o quién pierda, sino todo el proceso y el tiempo que se ha compartido. Por último, es importante tener en cuenta que no sólo es necesario jugar en familia, los niños también deben aprender a jugar solos y con sus iguales.
viernes, 13 de febrero de 2015
Nuevas conductas adictivas
El concepto de conducta adictiva ha sido definido como el uso repetido y abusivo de una sustancia y/o la implicación compulsiva en la realización de una conducta determinada que, de forma directa o indirecta, modifica el medio interno del individuo de tal forma que obtiene un reforzamiento inmediato por el consumo o por la realización de esa conducta.
El vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías hace que estas estén presentes en nuestra vida cotidiana de forma constante, llegando a ser imprescindibles para nuestros quehaceres diarios. Normalmente, la sociedad actual relaciona el término de adicción al consumo de sustancias, pero la realidad nos pone de manifiesto la existencia de las llamadas “adicciones sin sustancias” o “nuevas adicciones”, que surgen cuando son mal utilizadas e impiden la realización de otras actividades.
Aunque este tipo de adicción puede darse en cualquier rango de edad, demográficamente son los adolescentes los que más lo sufren. De hecho, en un estudio realizado por la Fundación Pfizer en 2009, se observo que el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Estos datos, nos confirman el dato alarmante de que hay un alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes.
Señales de alarma
Los principales indicadores que nos ayudarían a identificar una posible pendencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden reflejar el paso de una afición en una adicción en adolescentes son las siguientes:
1. Privarse de sueño (menos de 5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.
Por ello, el conectarse al ordenador nada más llegar a casa, encender el ordenador nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, reducir el tiempo de las tareas diarias como: comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana.
Estrategias para la prevención
El uso de las nuevas tecnologías e internet en el hogar es una práctica muy integrada en todos los hogares españoles. Por eso, es muy complicado para un padre pedirle a su hijo que no abuse de ellas, cuando es él mismo el que se las pone al alcance de la mano. Además, en muchas ocasiones son los adolescentes los que enseñan a los padres cómo utilizarlas.
A pesar de ello, los padres deben ayudar a los adolescentes a desarrollar las habilidades sociales adecuadas, lo que, entre otras cosas, supone:
1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
2. Fomentar la relación con otras personas.
3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
4. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.
Conclusiones
La prevención ante este tipo de adicciones es fundamental para que no se conviertan en un dato preocupante. Por ello, tanto padres como educadores, deben instruir a los adolescentes en el uso adecuado de esta droga silenciosa y bien vista socialmente.
El hecho de tener en sus manos el último modelo de Iphone, HTC, el tener el ordenador más moderno con las últimas actualizaciones, etc., conductas todas ellas alentadas por la sociedad consumista en la que nos encontramos inmersos, no ayudan a que esa prevención pueda llevarse a cabo de manera fácil.
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